El mercado es cruel y muy realista; cualquier apuesta temeraria y todo volver a apostar puede terminar en un desenlace fatal. Si te importa cada victoria y cada derrota, al final también perderás la cabeza. Puedes no ganar, puedes perder, pero no puedes dejar los riesgos sin protección: el riesgo equivale a todo. Victoria y derrota son solo números. Cualquier cambio es una prueba de tu estado mental. No intentes encontrar satisfacción en ello; mira con calma el ganar y el perder, mantén el orden y la estabilidad, y busca resultados sin miedo. Evita el riesgo en la medida de lo posible. Si hay un plan, ejecútalo; si la estrategia no funciona, ajusta en cualquier momento. Ve por un camino hacia una victoria predecible. No dispares aquí y allá sin rumbo; ¡perder de forma inexplicable e injustificable! Al final, unas palabras: no te apresures, no te apresures. Si ya tienes algo predecible, pero posiblemente el tiempo sea más largo, entonces usa el tiempo para conseguirlo. Recuerda esto siempre. En el proceso, puede haber todo tipo de tentaciones y trampas esperándote; y lo que te parezca un resultado al alcance de la vista, en la mayoría de los casos, es un pozo para retirarte. La gente debe, en la medida de lo posible, centrarse. No seas como un dios omnipotente: si algo parece rentable, quieres meterte en ello también, y el riesgo es enorme; no hace falta. ¡Se acabó!

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