Ser un cinéfilo tiene muy poco que ver con ver muchas películas, sino más bien con construir una relación que se despliega durante décadas.


Crecen con los clásicos, no de una sola vez, y los dejan que los encuentren poco a poco en distintos momentos de su vida.
Una película que parecía hermosa a los veinte se vuelve devastadora a los treinta. La película en sí no ha cambiado en absoluto, pero tú sí.
Eso es lo que hace que el cine sea tan atractivo y eternamente vivo.
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