Esta semana, todos elogiaron que Bitcoin tiene “resiliencia”. Separé la palabra y la miré por dentro. Esta semana, Bitcoin aguantó una subida en los precios del petróleo, una “tormenta” de deuda a corto plazo en EE. UU. y dos rondas de ataques a Irán. No solo no cayó: subió un 4,2%, hasta rozar los 64.000.



Todo el mundo está aplaudiendo, resiliencia.

Me di el trabajo de descomponer “resiliencia” para ver qué es lo que realmente hay dentro. Primera capa: el impulso de la subida. La frase literal de CoinDesk: en esta semana, ningún factor nativo de las criptomonedas está impulsando a Bitcoin. Lo que lo mueve son dos cosas: el rebote de las acciones de chips en Asia y el debilitamiento del dólar. Si suben los chips, mejora el apetito por el riesgo; Bitcoin se pega a ese impulso. Si el dólar cae tres semanas seguidas, y lo mides todo con una regla de la devaluación, los números salen más grandes.

Segunda capa: quién se está marchando en paralelo. Temasek, el fondo soberano de 400 mil millones de dólares de Singapur, dejó claro esta semana: no tocará cripto; la posición en IA debe pasar del 6% al 15%. El Coinbase Premium Index, hasta esta semana, lleva más de cincuenta días consecutivos en negativo. La demanda de compras en EE. UU. ha estado ausente casi dos meses. En cuanto a los ETF: en junio, apenas se acabaron de marcar el mayor nivel de salidas mensuales de la historia. Con esas dos capas juntas, la “calidad” de la resiliencia queda clara.

Que haya aguantado los impactos geopolíticos es real, y vale la pena anotarlo. Pero su subida no proviene de su propia compra: toma prestado el viento favorable de los chips y la debilidad del dólar. El mercado que debería comprar por sí mismo se está retirando: los fondos soberanos se desvían, y la demanda de EE. UU. está en modo hibernación. En otras palabras, el Bitcoin de esta semana se movió más como alguien que se balancea al ritmo de la música de la fiesta de al lado, mientras que su propia copa estaba vacía. Incerteza.

Quizá la racha del sector de chips pueda durar, quizá el CPI del 14 de julio traiga su propia música. Solo que la próxima vez que veas una palabra tan cálida como “resiliencia”, conviene preguntar primero: ¿esa fuerza es su músculo propio o es solo viento de cola de otros? La respuesta de esta semana es lo segundo.
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