Las ocho advertencias de los antepasados



I. El maestro no debe estar en la misma ruta
No enseñar de forma proactiva es un respeto por el conocimiento, y también una prueba de tu sinceridad.

II. El médico no debe llamar a la puerta
No ir a ver a un paciente por iniciativa propia no es frialdad; es respetar los límites y confiar.

III. El Dao (el verdadero camino) no se transmite con ligereza
La verdadera habilidad no se pasa sin más; solo se da a quien tiene el corazón recto y está dispuesto a aprender.

IV. La ley no se vende barata
Cuanto más barato es algo, menos se aprecia y más fácil resulta que lo maltraten.

V. El karma y la causa-efecto no se pueden cambiar
Si siembras tal causa, obtendrás tal efecto; nadie puede alterar las leyes naturales.

VI. La verdad no puede decirse
Hay cosas que hieren demasiado; se dice lo justo y necesario, para que la comprensión nazca en uno mismo.

VII. La sabiduría no puede transferirse
No se puede enseñar la sabiduría; solo se entiende por la experiencia, por haber sufrido y por haberse despertado.

VIII. Sin afinidad no se puede “cruzar”
A quien finge estar dormido no se le puede despertar, a quien no quiere cambiar no se le puede guiar; que cada quien siga su curso natural.
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