leer un gran libro se siente menos como consumir palabras y más como desvestir una mente, mientras cada capítulo provoca, retiene y luego cede justo en el momento preciso



el pulso se ralentiza, luego se acelera mientras te demoras en ciertas frases

en las páginas finales estás a la vez agotado y vivo, mirando el techo preguntándote cómo algo escrito logra conocerte tan bien
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