Un hermano gastó un millón en un KTV solo para aprender una lección.



Dijo: en el local, al elegir a alguien, primero mira los tatuajes, sobre todo en las chicas del lugar.

Le pregunté: hermano, ¿por qué? Me soltó algo que me dejó helado.

Dijo: las que no tienen tatuajes, ya sea que el padre está grave, el hermano estudia, o las estafó un ex, se guardan una salida. Mañana se retiran y pueden estudiar para funcionarias o casarse con un hombre honrado. Las que tienen tatuajes, ya no hay vuelta atrás, solo les queda esforzarse en el servicio.

En ese momento me quedé impactado, porque gastó un millón para resumir una regla medio cierta, medio falsa.

Justo ese día trajo a un amigo, entre los dos, hicieron que dos chicas se sentaran a cada lado.

Diez minutos después me dijo: la de la izquierda miró el reloj; la de la derecha me preguntó si estaba muy cansado hoy.

Le pregunté: ¿cuál crees que tiene tatuajes? Dijo: la de la izquierda que miró el reloj no tiene tatuajes; la que te preguntó si estás cansado tiene la espalda llena. —Bajó la cabeza, giró la copa, y se quedó callado un buen rato.
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