Una vez, mientras jugaba al mahjong con mi jefe, de repente dijo que extrañaba su hogar. Dijo que echaba de menos especialmente los panqueques rellenos de cebolla verde de su tierra, que con un poco de salsa eran un manjar del mundo, y que si los tuviera delante ahora, podría comerse tres de una vez. Dos colegas enseguida siguieron la corriente, diciendo cosas como "qué buen apetito tiene", "qué buena salud tiene", "ningún manjar se compara con el sabor del hogar"... Yo soy una persona íntegra, sinceramente no puedo decir esas palabras de adulación. Así que, en silencio, descarté un tres de bastos.

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