Sabes, hermano, cómo respiramos:


respiramos el aire al inhalar y exhalar. En esto
se basa la vida del cuerpo y en esto
depende su calor.
Así que, sentado en tu celda, recoge
tu mente, guíala por el camino del
aliento por el cual el aire entra
en, oblígalo a entrar en el corazón
junto con el aire inhalado,
y mantenlo allí.
Mantenlo allí pero no lo dejes
en silencio y ocioso;
en cambio, dale la siguiente
oración:
Señor Jesucristo, Hijo de Dios,
ten misericordia de mí.
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