No cuentes tu secreto:


De pequeño pensaba que intercambiar secretos era el comienzo de la amistad. Al crecer, descubrí que eso podría ser entregarle al otro un cuchillo que te apuñale.
Lo que crees que es una confianza sincera puede ser frágil ante los intereses.
La debilidad que confiesas puede convertirse en un arma que otros usen contra ti.
Porque la naturaleza humana no resiste las pruebas y las relaciones están llenas de cambios. La persona más cercana hoy puede no ser capaz de guardar tu secreto mañana.
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