En verano, encontré un campamento de exploración para mi hijo, con un tema por semana, tres semanas, y luego los tres temas se unen en un proyecto para cultivar su espíritu de desafiar las convenciones y explorar.



Yo, cerca del campamento, encontré un buen lugar para desconectar y explorar lo que me interesa, y por la noche lo recojo para discutir juntos lo que cada uno ha aprendido durante el día.

Cada uno haciendo lo que le interesa es mucho mejor que el caos en casa.

No pretendo educar ni inculcar conocimientos al niño,

no es por pereza, puedo estar con ellos todos los días, pero al final debo admitir que, aunque aprenda cosas nuevas cada día, mis ideas preconcebidas inevitablemente me encasillan en un marco, y quizás ni siquiera yo pueda superarlo.

Como padres, lo más importante es no intentar influir demasiado en tus hijos; tratar de influir o incluso controlar a tus propios hijos para lograr tu propia satisfacción o cumplir ciertos deseos personales es un comportamiento muy irracional.

Primero, si tú mismo no puedes controlar tu propio destino, no intentes controlar el de otros. Segundo, que los niños tengan espíritu de aventura es algo bueno; puedes ayudarlos a juzgar y darles consejos razonables.

La mayoría de las veces, los extraños consejos y reprimendas de los padres son el comienzo de un desastre.
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