A las tres de la madrugada volví a ver esa frase: que el dinero del ETF dicta hacia dónde se mueven las criptos, bailando al mismo ritmo que la bolsa estadounidense. Me quedé mirando la pantalla un buen rato, pensando que esto no es más que una versión ampliada de la lógica de los RWA: subir activos a la cadena pensando que la liquidez aparecerá sola, pero las trampas ocultas en las cláusulas de reembolso solo se ven cuando todo se enfría.



Antes vi un proyecto inmobiliario cuya página promocional parecía el Santo Grial de DeFi, pero en las condiciones ponía «El reembolso requiere solicitud con 90 días de antelación, y la plataforma se reserva el derecho de suspenderlo». En otras palabras, cuando el mercado está caliente, eres accionista; cuando se enfría, eres un número en la fila. La liquidez solo parece real bajo el sol; en días nublados se derrite muy rápido.

Por ahora yo hago así: cuando me topo con un RWA, primero miro el reembolso, luego el rendimiento anualizado. Lo demás, da igual. Si derrites un helado y lo vuelves a congelar, el sabor ya no es el mismo.
RWA1,75%
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