En las diferentes etapas de la vida, uno siempre encuentra a su propio filósofo espiritual.


Un anciano me dijo una vez: si una persona vive con suficiente sinceridad y claridad, probablemente encontrará en su camino a tres pensadores en orden: el primero es Nietzsche, el segundo es Camus, y el tercero es Siddhartha. En algún tramo de tu vida, te convertirás en ellos, envuelto por la esencia de su espíritu. Esta es una ceremonia de madurez espiritual única, que nadie puede atravesar por ti.
Nietzsche es el destructor, que con ira derriba las reglas establecidas del exterior y rompe las cadenas mundanas;
Camus es el inmerso en el mundo, que acepta tranquilamente el absurdo de la vida y, con acción decidida, fija el significado de la existencia con sus propias manos;
Siddhartha es el soñador que retorna, que finalmente deja ir sus apegos y se fusiona suavemente con todo lo que existe.
El destino es muy extraño. Cuando escuché estas palabras, el filósofo que más me cautivaba era Nietzsche. Pero ahora, en esta etapa, mi corazón prefiere a Camus. No sé si, con el paso del tiempo, el destino pondrá otro toque, permitiéndome en los años venideros comprender y amar a Siddhartha.
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