Cada subida vertiginosa es un cebo cuidadosamente tejido por el capital, y la burbuja se expande hasta el límite entre vítores. Cuando el mercado se vuelve frenético, es precisamente la señal para que los lúcidos se vayan en silencio. El pico de precios a menudo entierra la ceguera de la mayoría, mientras que unos pocos perspicaces ya se han retirado en el clímax de la fiesta, dejando el costo de la juerga a los que vienen después. Recuerda, cuando todos están ávidamente persiguiendo las subidas, el riesgo ya está acechando bajo el resplandor.

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