El calor extremo exacerba la desigualdad social en Europa, ya que las personas más ricas están mejor preparadas para afrontarlo, mientras que los residentes de bajos ingresos enfrentan mayores riesgos para la salud e incomodidad. Esta marcada disparidad, destacada por un escritor estadounidense que vive en París, debería ser una llamada de atención para que los responsables políticos aborden estas inequidades.

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