La innovación nunca ha sido tan simple. Los empresarios fueron considerados estafadores durante mucho tiempo, y los inversores podrían perderlo todo.


Comparto un caso histórico: en 1866, el empresario Cyrus Field completó una tarea aparentemente imposible: tender un cable telegráfico transatlántico.
De repente, la Reina de Inglaterra y el Presidente de Estados Unidos pudieron intercambiar saludos por telégrafo.
Field se convirtió en un héroe nacional.
Pero tres semanas después, el cable se rompió. Los periódicos que antes lo aclamaban comenzaron a difundir rumores, afirmando que todo el plan de Field era un fraude, destinado a especular con acciones sin valor.
Incluso hubo quienes afirmaron que el mensaje de apertura del telégrafo era falso.
Field se convirtió en un estafador despreciado por todos.
Pero no se detuvo. Pasó otros 8 años mejorando la tecnología, e incluso se declaró en bancarrota durante ese tiempo.
Finalmente, el cable funcionó de manera estable, convirtiéndose en el sistema nervioso de las finanzas, el comercio y las noticias globales.
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