Me di cuenta hasta que liquidé todas mis posiciones al final: el apalancamiento más oculto de este juego no estaba en la tabla de cotizaciones, sino que se había agregado en mi propia vida.


Creía que solo estaba haciendo algunas órdenes, pero en realidad, sin darme cuenta, había empeñado aquellos días tranquilos, las expectativas de mis padres y las lágrimas derramadas como garantía. Las velas japonesas distorsionaron mi umbral de dopamina hasta llevarlo a un nivel anormal, volviéndome insensible a toda la calidez ordinaria de la realidad. Al final, la Reserva Federal emitió una señal hawkish, y mis sueños se hicieron añicos. Al darme la vuelta, casi no podía sostener el cariño que mis padres me ofrecían. Siempre pensé que estaba luchando contra el creador de mercado, pero en realidad solo era un loco que cambiaba los sentimientos más sinceros del mundo por un montón de burbujas vacías. En el momento en que desplacé el centro de mi vida hacia la tabla de cotizaciones, ya había perdido.
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