Cuando la tasa de financiamiento se dispara a tres dígitos anualizados, me pica la mano. No es para lanzarme, sino para anotar cosas.



Las veces anteriores con tasas extremas, solo recordaba hacer el análisis después, y las emociones ya se habían evaporado. Esta vez, abrí una tabla sencilla con solo tres cosas: el pico de la tasa, mi posición en ese momento y —esto es importante— lo que pensaba que iba a pasar.

Al anotarlo, me di cuenta de que lo que creía una «oportunidad de contraparte» era, en más de la mitad de los casos, una señal falsa. La otra mitad, mirando hacia atrás, no sé si fue suerte o si realmente lo entendí.

En fin, primero lo anoto. Últimamente, el calendario de desbloqueos inunda, la ansiedad por la presión de venta se contagia rápido, pero cuando la tasa es extrema, en la cadena todo está bastante tranquilo, como ese silencio antes de la tormenta. No sé si esto es una oportunidad, pero primero registro esta ola y luego vemos.
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