La mayoría de los matrimonios viven en la mediocridad, porque el matrimonio va en contra de la "naturaleza humana": las personas se cansan de lo viejo y anhelan lo nuevo, solo que las condiciones no lo permiten.


El matrimonio no necesariamente hace feliz a la gente, es la piedra angular de la estabilidad social: hace que las personas tengan preocupaciones por el futuro, prefiriendo ser "bestias de carga".
Cuando la novedad se desvanece, es cuando el matrimonio realmente comienza a ser pleno. A partir de ahí, lo que importa es la conciencia, la resistencia mutua, el compromiso, el cansancio; este proceso se denomina "cultivación espiritual".
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