¿Por qué algunas personas son más sinceras pero menos respetadas? Porque el problema no suele ser la sinceridad, sino los límites. La sinceridad es una elección: puedes abrirte o reservarte; mientras que la sinceridad excesiva suele ser un reflejo condicionado de no atreverse a rechazar, no atreverse a confrontar, no atreverse a protegerse a uno mismo. Cuando una persona constantemente cede sus límites, muestra sus cartas por adelantado y pone las necesidades de los demás por delante de las suyas, el costo de que la otra persona exija se vuelve cada vez más bajo, y el respeto también disminuye. Lo que la gente realmente respeta no es tu entrega, sino tus límites; la raíz del desequilibrio en las relaciones no suele ser la sinceridad, sino la pérdida de la capacidad de protegerse a uno mismo.

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