En el mundo de los adultos, enseñar a alguien es casi como negarlo; la consecuencia de ser un sabelotodo suele ser traición y odio. El exceso de compasión es una calamidad; ser un sabelotodo es una desgracia. El destino de una persona solo cambia bajo cuatro circunstancias: dolor, presión, deseo, impulso, despertar de la conciencia y apalancamiento de recursos; la lección que duele hasta los huesos es la verdadera enseñanza. Aparte de eso, no importa cuánto se diga, es inútil. Piensa en lo difícil que es cambiarse a uno mismo para saber lo ingenuo que es querer cambiar a los demás. Habla menos con la gente, métete menos en los asuntos ajenos, interfiere menos en el karma de los demás; así ahorrarás mucha energía vital.

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