Hoy mi corazón está lleno de tristeza que las palabras no pueden expresar.


He perdido a mi querido abuelo, una persona que no solo fue abuelo para mí, sino también un padre, un amigo, una madre y un refugio cuando mi vida se vuelve difícil.
Hay personas cuya muerte deja tristeza, pero de la que se puede recuperar.
También hay personas cuya partida hace que sientas que una parte de tu vida se ha ido.
Mi abuelo fue uno de esos.
Era alguien que me apoyaba antes de que expresara mis necesidades, y conocía mis sentimientos antes de que hablara.
Era un hombre de buen corazón, con una voz fuerte, rostro abierto y misericordia que Dios le otorgó.
Trataba a las personas con amor y respeto.
Le gustaba el bien, la caridad y hacer felices a los demás.
Cualquier persona que lo conociera podía hablar de su bondad, porque en cada lugar que visitaba dejaba una huella hermosa.
Hoy, al recordar sus palabras, sus oraciones y la misericordia que nos tenía, las lágrimas fluyen de mis ojos.
Es difícil aceptar que no volveré a escuchar su voz, ver su sonrisa o recibir la mano llena de misericordia que siempre nos extendía.
Abuelo, nos dejaste, pero el amor que sembraste en nuestros corazones no se irá.
Tu recuerdo no terminará.
Tu oración no se perderá.
Nunca olvidaremos tu bondad.
Oh Dios, ten misericordia de mi abuelo, perdona sus pecados, ilumina su tumba.
Oh Dios, haz que la gente diga: "Entra al Paraíso en paz."
Oh Dios, concédenos el Jardín del Firdaws y danos paciencia ante su partida.
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