Al llegar a cierta edad, te darás cuenta de que en realidad lo que la gente necesita no es el matrimonio, ni el sexo, ni una pareja.


Sino un apoyo espiritual, alguien que pueda escucharte, alguien que entienda lo que dices.
La compañía física es fácil de encontrar, pero la resonancia del alma es escasa, rara y difícil de conseguir.
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