La mayoría de las personas que salen de entornos humildes tienden a cometer un error: siempre están acostumbradas a abrir su corazón y contar todo de manera exhaustiva cuando enfrentan algo.


Esto en realidad oculta un peligro: la carta de presentación de una persona no es más que su patrimonio, ingresos, antecedentes familiares y recursos personales, estos asuntos privados no deben ser revelados a la ligera.
Las conversaciones triviales que no afectan intereses personales no necesitan que divulgues todos tus pensamientos y planes.
Al ingresar a la sociedad, controla lo que dices, evita revelar demasiado de tus asuntos internos, solo así podrás evitar muchas complicaciones innecesarias.
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