Poco a poco se descubre que, en muchas familias, los conflictos nunca provienen de la falta de dinero o de una vivienda escasa, sino de que toda la familia está atrapada en su propio pequeño mundo, sin que haya una persona verdaderamente "socializada".


Lo que se llama socialización no es ser astuto o adulador, sino entender las relaciones humanas, saber medir las circunstancias, conocer las reglas, y saber ponerse en el lugar del otro.
Entender cómo comportarse con dignidad en público, ser tolerante y responsable en el hogar, poder aceptar las trivialidades de la vida y también resolver los conflictos internos de la familia.
Si en una familia no hay nadie que sea perspicaz o consciente, todos solo se desgastarán mutuamente, se culparán unos a otros, y la vida se volverá cada vez más difícil.
Lo que más temen en una familia no es la pobreza, sino que todos sean estrechos de miras y obstinados, que nadie entienda la importancia de la tolerancia ni tenga una visión amplia.
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