Últimamente he estado revisando los registros de votación de gobernanza de varios proyectos, y cada vez me resulta más incómodo: en teoría es una "decisión comunitaria", pero en realidad muchas de las votaciones se delegan a esas caras conocidas, y al final unos pocos se transfieren mutuamente la autoridad, como votar en un pequeño grupo. En definitiva, la gobernanza con tokens no gobierna el protocolo, sino quién puede atraer más atención y votos de confianza.



Lo más incómodo es que mucha gente, al recibir los tokens, ni siquiera se molesta en leer las propuestas, simplemente delegan con un clic, total, no quieren gastar tiempo; y el resultado es que cuanto más fácil, más oligárquico se vuelve. Últimamente, esas olas de atención con memes y celebridades que llaman a votar también siguen la misma lógica: todos persiguen la popularidad, y los que toman el relevo terminan peor, los veteranos aconsejando a los novatos que no se arriesguen, lo cual es bastante realista.

Ahora, tanto en interacción como en votación, primero calculo el costo: dedicar media hora a leer si la propuesta vale la pena, a quién delegar, cuánto tiempo retirar la delegación, si se puede dividir. Para evitar convertir la "participación" en una forma de hacerle el favor a otros. Lo que he aprendido no son trucos, sino que no hay que confundir la conveniencia con una opción neutral.
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