Algunas personas confunden los valores fundamentales con una necesidad innecesaria de estar despiertos.


Al crecer, nuestros padres nos enseñaron a decir "Gracias Mami" "Gracias Papi" después de cada comida. Esa simple tradición fue diseñada para construir una cultura de gratitud en nosotros desde una edad temprana.
Nos entrenó para apreciar el valor de lo que recibimos, sin importar cuán pequeño sea.
Ese entrenamiento moldea cómo dirijo mi hogar hoy en día. Cuando mi esposa cocina, siempre digo gracias, aunque yo haya proporcionado el dinero para las compras. No se trata de quién pagó; se trata de reconocer y honrar el esfuerzo, el tiempo y el amor que ella puso en preparar esa comida. También enseñaré lo mismo a mis hijos.
No dejemos que la conciencia despierta diluya la gratitud básica. ¡La gratitud nunca pasa de moda!
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