¡Cómo no iba a pensar la cerda que quien la mató era en realidad la persona que le daba de comer todos los días, así como tú no puedes imaginar que quien rompió contigo fue la misma persona que te decía que te amaría para siempre todos los días. Eres como una cerda, viviendo cada día creyendo que esa persona es tu mayor apoyo. Confiaste toda tu fe, pensando que esas manos solo te darían comida y calidez, sin imaginar que esas mismas manos también podrían tomar un cuchillo. En el mundo hay dos tipos de personas, los filósofos melancólicos y las cerdas felices, los filósofos están despiertos y por eso están tristes, las cerdas son ignorantes y por eso son felices, y tú justo estás entre estos dos, eres una cerda melancólica, que lucha entre estar despierta y estar insensible, puede ver el cuchillo, pero no puede escapar. Esta claridad es más dolorosa que la ignorancia, la gente ignorante aún puede ser feliz por un tiempo, pero los despiertos ni siquiera pueden fingir felicidad. Así es una cerda melancólica, que espera la muerte con claridad, pero ni siquiera tiene el valor para morir.

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