Últimamente he estado viendo propuestas de DAO en ciertos protocolos, en apariencia muy democráticas, pero al analizar las estructuras de incentivos y poder, resulta interesante: cuanto más se recompensa votar, más parece que están comprando participación; y detalles pequeños como el umbral de votación, los valores predeterminados de delegación y el tiempo de la instantánea, básicamente determinan quién tiene la última palabra. En realidad no es que la gente no sea racional, sino que las reglas elevan el coste de la racionalidad, y al final solo unos pocos pueden seguir el ritmo.



Y también están esos que meten ajustes de parámetros en la “operación rutinaria” y, junto con un discurso de “por la comunidad”, facilitan que pasen las propuestas. Ahora, cuando veo una propuesta, primero busco dos cosas: a dónde va el dinero y a quién se le da el poder.

En el grupo estos días también están discutiendo sobre regulación de stablecoins, auditorías de reservas, rumores de despegue… Cuando las emociones se encienden, es más fácil que la gente vote por bandos. En cualquier caso, prefiero votar con calma, entender bien los términos primero; equivocarse al votar es más incómodo que no votar.
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