Últimamente, las cosas de las tasas de interés me han tenido sin ganas… en realidad, no deciden directamente qué compro o vendo, pero sí quitan esa actitud de “¿me atrevo a soportar la volatilidad?”. Cuando las tasas son altas y la preferencia por el riesgo se reduce, suelo reducir mi posición de forma habitual, prefiriendo ganar menos que sacrificar el sueño por ello; y cuando el ánimo del mercado se recupera lentamente, entonces pienso en cargar las armas. La ventaja de operar con baja frecuencia es que no tengo que explicar cada vela.



Las herramientas de datos y sistemas de etiquetas en la cadena últimamente también han sido criticadas por ser lentas, e incluso pueden ser engañadas, pero a mí me parece bastante normal: por muy bonitas que sean las etiquetas, solo son anotaciones de otros, no la realidad en sí. Ahora prefiero fijarme en “el comportamiento” en lugar de “la identidad”, por ejemplo, si el dinero entra y sale en lotes continuos, o si hay rutas deliberadamente evitadas. De todos modos, a largo plazo, esto no es cuestión de talento, sino de hábito: primero sobrevivir, y luego, al despertar, decidir si seguir o no.
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