La gente siempre hace promesas en los momentos más apuros, anhelando recibir ayuda, porque la situación actual les impide pensar racionalmente, en ese momento no tienen fichas de juego. Una vez que superan la dificultad, cuando recuperan el control y la capacidad de elección, ya no se arrodillan ni suplican a otros, en ese momento defender la dignidad y proteger los intereses son las prioridades, además, impulsados por la avaricia, les resulta difícil desprenderse de los beneficios ya obtenidos.

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