La segunda mitad de la vida,


lo que ya no importa son las mansiones lujosas, los autos de lujo para desplazarse,
o una red social brillante,
sino tener un corazón sin ansiedad, un cuerpo sin enfermedades,
sin quejas, y también sin insomnio que perturbe.
Un cuerpo fuerte,
una mente tranquila,
y el valor para soltar y perdonar,
son las riquezas más valiosas en la vejez.
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