Una vez fui un gran trader.


Luego lo entregué todo.
No al mercado.
No a la mala suerte.
No a alguna fuerza oculta.
Lo entregué
una decisión a la vez.
Dejé que mi ego operara
cuando debería haberme detenido.
Dejé que mis emociones
pusieran sus manos en el volante.
Dejé que mi rendimiento pasado
me cegara creyendo
que estaba por encima de las reglas
que me construyeron.
Sabía que el trading
era un juego a largo plazo.
Pero algunos días
seguía jugando
el corto.
Persiguiendo la sensación.
Forzando el movimiento.
Tratando de demostrar
que todavía era él.
Pensé que el trading
me salvaría.
Pero la verdad es,
que solo yo puedo salvarme.
El mercado nunca fue el enemigo.
La pérdida nunca fue la lección.
La lección fui yo.
Una vez fui un gran trader.
Luego lo entregué todo.
Ahora tengo que convertirme
en el hombre
que pueda sostenerlo.
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