La tercera vez que me pica la mano y quiero comprar en alza, me detengo dos segundos y me pregunto: ¿he visto realmente nueva información o solo estoy siendo impulsado por las emociones provocadas por esa vela verde o roja en el gráfico? En pocas palabras, las emociones son las que más disfrazan “lo que entiendo”. Últimamente ha llegado la temporada de airdrops, las plataformas de tareas están haciendo que los puntos sean como marcar en un registro, casi me vuelvo un robot trabajando… Cuanto más compito, más fácil es sentir FOMO. De todos modos, mi regla actual es: si no puedo explicar “por qué ahora es imprescindible entrar”, entonces reduzco a la mitad mi impulso y reviso un par de datos de contratos y en la cadena, aunque solo sea para confirmar que no estoy enamorándome de una sensación.

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