Hace poco estaba revisando carteras de inversión y me topé con algo que muchos pasan por alto: la mayoría de los inversores serios no hablan de otra cosa que del per cuando seleccionan empresas. Así que decidí profundizar en esto.



El per, o ratio precio-beneficio, es básicamente lo que te dice si estás pagando un precio justo o si estás tirando dinero. Se calcula dividiendo la capitalización bursátil de una empresa entre sus beneficios netos. O si lo prefieres más simple: precio de la acción dividido entre beneficio por acción. Eso es el per.

Ahora bien, aquí es donde la cosa se pone interesante. Un per bajo (entre 0 y 10) puede parecer atractivo, pero cuidado: a veces significa que los beneficios van a caer. Un per entre 10 y 17 es lo que la mayoría de analistas considera la zona de confort, donde esperas crecimiento sin sobrepagar. Por encima de 17 hasta 25, empiezas a ver señales de que o la empresa ha crecido mucho o estás cerca de una burbuja. Y si ves un per por encima de 25, bueno, eso puede significar que el mercado tiene muchas esperanzas o que directamente está en la estratosfera sin justificación.

Lo fascinante es que el per no funciona igual en todos los sectores. Mira Arcelor Mittal, que está en metalurgia, con un per de 2,58. Luego ves a Zoom Video con un per de 202,49. ¿Están ambas sobrevaloradas? No necesariamente. Los bancos y la industria típicamente tienen per bajos, mientras que tech y biotech viven en otro universo.

Existe también el per de Shiller, que es una variante más sofisticada. En lugar de mirar solo los beneficios de un año, toma los últimos 10 años ajustados por inflación. La teoría es que con esa perspectiva más amplia puedes predecir mejor los próximos 20 años. Tiene sentido cuando piensas en volatilidad de resultados año a año.

Luego está el per normalizado, que es aún más refinado. Aquí restas los activos líquidos de la capitalización, sumas la deuda, y en lugar del beneficio neto usas el free cash flow. Es como limpiar toda la suciedad contable para ver realmente qué está pasando. El caso del Banco Santander comprando el Banco Popular por 1 euro es perfecto para entender esto: en realidad no fue 1 euro, fue asumir una deuda millonaria que cambió todo el análisis.

Ahora, ¿para qué sirve realmente el per? Es una herramienta de comparación. Si dos empresas del mismo sector tienen diferentes per, la de per más bajo podría estar infravalorada. Pero aquí viene el gran pero: no puedes basarte solo en el per. Hay empresas con per bajo que están literalmente a punto de quebrar. La historia está llena de esos casos.

Es por eso que los inversores value, los que buscan buenas empresas a buen precio, obsesionan con el per. Fondos como Horos Value Internacional tienen un per de 7,24 comparado con 14,55 de su categoría. Eso no es casualidad.

La debilidad del per es que solo mira un año de beneficios, lo que es bastante miope. No funciona con empresas sin ganancias. Y en empresas cíclicas es un desastre: al pico del ciclo ves un per bajo, al mínimo del ciclo ves un per altísimo, cuando en realidad ambas son la misma empresa en diferentes momentos.

Lo que he aprendido es que el per es una herramienta útil, pero tiene que estar acompañada de otras métricas: BPA, ROE, ROA, P/VC. Un buen análisis fundamental requiere que mires más allá de una sola ratio. Mira la composición del negocio, entiende de dónde vienen los beneficios, verifica que no sea solo por la venta de un activo puntual.

Así que cuando alguien te diga que una empresa es buena inversión solo porque tiene un per bajo, sabe que está simplificando demasiado. El per es el punto de partida, no el destino. Úsalo para filtrar, pero luego haz el trabajo de verdad: dedica tiempo a entender la empresa, su sector, su posición competitiva. Eso es lo que separa a los inversores serios de los que pierden dinero.
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