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Recientemente he estado atento al tema del yen, y he descubierto que la tendencia del tipo de cambio en más de diez años es realmente interesante. Desde 2012, cuando el yen estaba a 80 por dólar, hasta 2024, cuando se depreció hasta cerca de 160, alcanzando un mínimo en 32 años, la historia detrás de esto vale la pena analizarla detenidamente.
Hablando de por qué el yen ha llegado a esto, hay que empezar por el gran terremoto de 2011. El terremoto y el tsunami causaron un impacto enorme en la economía japonesa, y el accidente en la central nuclear de Fukushima fue aún peor, lo que llevó a Japón a importar más petróleo y energía, aumentando significativamente los gastos en divisas. Al mismo tiempo, el turismo y las exportaciones de productos agrícolas se vieron afectados, y el yen empezó a debilitarse.
Para finales de 2012, Shinzo Abe lanzó la famosa "Abenomics", y posteriormente, en abril de 2013, el Banco de Japón implementó una política de expansión monetaria sin precedentes. El nuevo gobernador del banco, Haruhiko Kuroda, anunció que tomaría todas las medidas posibles, incluyendo la compra de bonos y ETF, inyectando en el mercado en dos años una cantidad equivalente a 1.4 billones de dólares en moneda. El resultado fue que la bolsa reaccionó positivamente, pero el yen se depreció casi un 30% en solo dos años.
Lo interesante es que en 2016, el yen se fortaleció en cambio. En ese año, el Banco de Japón anunció una política de tasas negativas, y las preocupaciones por una economía global débil generaron una aversión al riesgo, haciendo que los fondos fluyeran hacia el yen. Además, la votación del Brexit en Reino Unido provocó pánico en los mercados, y el yen, como moneda tradicional de refugio, fue comprado en gran cantidad, incluso superando la barrera de los 100 yenes por dólar.
Pero la verdadera oportunidad surgió en 2021. La Reserva Federal de EE. UU. empezó a retirar su política de estímulo, mientras que el Banco de Japón mantenía una política ultra expansiva, creando una gran diferencia de tasas. Los inversores comenzaron a realizar operaciones de arbitraje en masa, tomando prestado yenes de bajo interés para comprar activos en dólares con tasas altas, lo que aumentó la presión de depreciación del yen.
2023 y 2024 marcaron un punto de inflexión clave. Tras la llegada del nuevo gobernador del Banco de Japón, Kazuo Ueda, empezó a insinuar posibles cambios en la política. Con la inflación alcanzando más del 3.3%, en marzo y julio de 2024, el banco subió las tasas a 0.25%. Pero esto no fue suficiente; en julio de 2024, el yen alcanzó su punto más débil en más de 30 años, rompiendo la barrera de los 161 yenes por dólar, acercándose a su nivel más bajo histórico.
La principal causa de esta fuerte depreciación fue la divergencia en las políticas de EE. UU. y Japón. Para hacer frente a la inflación más severa en 40 años, la Reserva Federal subió las tasas de interés por encima del 5%, mientras que el Banco de Japón empezó a ajustar su política, pero a un ritmo mucho más lento. Además, la guerra entre Rusia y Ucrania elevó los precios de la energía, y Japón, como gran importador de recursos, vio aumentar su déficit comercial, lo que agravó aún más la caída del yen.
Entrando en 2025, la situación se volvió aún más compleja. En la primera mitad del año, el yen se fortaleció temporalmente, con el dólar bajando de 158 a cerca de 140 yenes, debido a que el Banco de Japón elevó las tasas a 0.5%, alcanzando un máximo en 17 años, y la Reserva Federal empezó a reducir las tasas. Pero en la segunda mitad, la tendencia se invirtió. Aunque en teoría la diferencia de tasas entre EE. UU. y Japón se redujo, Japón sigue teniendo tasas negativas en esencia, y los inversores siguen prefiriendo tomar prestados yenes para comprar activos en dólares. Además, el nuevo primer ministro continuó con políticas expansivas que generaron preocupaciones sobre las finanzas públicas, y las expectativas de una "inflación de Trump" impulsaron el dólar, haciendo que el yen volviera a debilitarse.
En definitiva, la larga crisis del yen no es solo un problema de política monetaria, sino que también refleja desafíos estructurales profundos de Japón: alta deuda, bajo crecimiento, envejecimiento poblacional y una dependencia energética elevada en importaciones. Estos factores determinan las expectativas del mercado respecto al yen a largo plazo.
El futuro del yen dependerá en gran medida de las decisiones de política de los bancos centrales de EE. UU. y Japón. Actualmente, en su nivel más bajo histórico, el yen ofrece oportunidades para algunos inversores, pero el comercio de divisas conlleva riesgos considerables y requiere cautela.