Hace poco me puse a revisar cómo la mayoría de inversores evalúan sus decisiones, y me doy cuenta de que muchos ignoran un indicador que debería ser básico: el ROI, o lo que conocemos como rentabilidad económica. Es curioso porque este ratio es probablemente uno de los más simples de entender, pero al mismo tiempo uno de los más mal interpretados en el mercado.



La rentabilidad económica en el fondo es bien directa: mide cuánto dinero ganas (o pierdes) en relación a lo que invertiste. Si metes 1.000 euros y sacas 1.200, tu ROI es del 20%. Suena fácil, ¿verdad? El tema es que la mayoría de la gente solo mira el número sin entender qué hay detrás.

Lo interesante es que este indicador funciona tanto para nosotros como inversores individuales como para analizar empresas completas. Si yo compro una acción a 10 euros y la vendo a 15, tengo un ROI del 50%. Pero cuando Inditex invierte millones en nuevas tiendas y eso genera ganancias, eso también es ROI. Es el mismo concepto en dos contextos distintos.

Ahora bien, aquí viene lo que pocos entienden: la rentabilidad económica se basa en datos históricos. Por eso sirve para empresas consolidadas, pero puede ser engañosa con startups o empresas de crecimiento. Mira el caso de Amazon: entre 2000 y 2010, tenía ROI negativo. Los inversores perdían dinero. Pero quien aguantó vio cómo se convertía en una máquina de hacer dinero. Lo mismo pasó con Tesla. Entre 2010 y 2013, su ROI era de -201%. Sí, menos 201%. Cualquiera habría salido corriendo. Pero los que se quedaron ganaron más de 15.000%.

Esto te muestra por qué no puedes depender solo de este número. Si buscas empresas tipo Value, con histórico largo en bolsa, entonces la rentabilidad económica es oro puro. Te permite comparar manzanas con manzanas. Pero si estás en Growth, en empresas que invierten todo en I+D, el ROI puede estar en rojo durante años sin que signifique fracaso.

La fórmula es ridículamente simple: Beneficio dividido por Inversión Total. Eso es. Con eso puedes comparar dos acciones, dos proyectos, lo que sea. Si tienes 10.000 euros para invertir en dos valores, 50% en cada uno, y uno te da 5.960 euros (ROI de 19,2%) y otro te da 4.876 euros (ROI de -2,48%), es obvio cuál elegir. O si tu empresa invierte 60.000 en remodelar tiendas y eso aumenta su valor a 120.000, tienes un ROI del 100%.

Pero aquí viene lo importante: no uses solo este ratio. La rentabilidad económica es un indicador, no la verdad absoluta. Hay que verlo junto con otros datos: el PER, el BPA, la trayectoria de crecimiento, el sector en el que opera. Apple, por ejemplo, tiene un ROI superior al 70%, lo que la convierte en una de las mejores gestionando sus inversiones. Eso no es casualidad, es resultado de márgenes brutales por marca y tecnología.

Lo que sí es cierto es que cuando estés buscando empresas que sepan rentabilizar bien su capital, este número es fundamental. Una mala asignación de recursos destruye resultados, y el ROI te lo muestra. Por eso, antes de meter dinero en cualquier lado, mira la tendencia histórica de rentabilidad económica, pero no te dejes guiar solo por eso. Un ratio bajo puede ser una ganga o una trampa. Un ratio alto puede ser genial o una ilusión. Todo depende del contexto.
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