Llevo siguiendo el euroyen desde principios de año y la volatilidad ha sido brutal. El par se movió más de 8 yenes en apenas 4 meses, pasando de 161,7 a un mínimo de 155,6 en febrero y tocando máximo de 164,2 en mayo. Todo depende de cinco factores clave que no dejan de impactar el mercado.



Primero, el Banco de Japón subió tipos a 0,50% en enero, el nivel más alto desde 2008, lo que fortaleció el yen de inmediato. Pero el efecto fue temporal porque los rendimientos europeos seguían muy por encima. Luego vinieron los aranceles estadounidenses en febrero, eso sí disparó la demanda de activos refugio y el euroyen se desplomó. El yen es divisa de crisis, Japón es gran acreedor mundial, así que cuando salta una alarma todos compran yenes. Además el mercado del yen es enorme y muy líquido, la moneda asiática más fácil de conseguir rápido cuando hay pánico.

El BCE hizo tres recortes de tipos entre enero y abril, bajando desde 4% hasta 2,25%. Cada recorte frenaba los rebotes del euro. Luego en mayo China metió estímulo monetario, eso animó las bolsas asiáticas y la gente dejó de comprar yenes, así el euroyen subió hasta 164,2.

Mirando hacia adelante, todo apunta a que el BoJ siga subiendo hasta 1% antes de octubre, mientras el BCE probablemente baje a 2% antes de fin de año. Eso estrecha el diferencial de rendimiento y respalda un yen más fuerte. La previsión que manejo es que el euroyen oscile entre 158 y 170 yenes, con tendencia gradual a la baja. Cuando el mercado está tranquilo, el par debería resistir por encima de 165. Cuando aparezca un susto, inflación fuerte en EE.UU. o corrección bursátil, el yen recupera su rol de refugio y el euroyen cae a 158-160.

Técnicamente, el gráfico diario muestra sesgo alcista pero los indicadores sugieren que el impulso se agota. El precio está por encima de la media móvil de 161, confirmando tendencia al alza, pero las últimas velas son de cuerpo estrecho cerca de la banda superior de Bollinger. Eso indica falta de energía compradora. El RSI está en 56 tras tocar 67 hace poco, dibujando divergencia bajista. El soporte inmediato está en 162,5 y más abajo en 161. La resistencia clave sigue siendo 164,2.

Para quien quiera operar el euroyen, en repuntes hacia 165-170 tiene sentido comprar yenes apuntando a 160-162 como objetivo. Pero hay que mantener stops claros en 171. A medio plazo, lo prudente es acumular por tramos cuando el par supere 163-164, así se promedia el precio. Si toca 160-162 tras las subidas del BoJ, mejor recoger al menos parte de ganancias.

Los riesgos principales son que el BoJ frene sus subidas si la inflación nipona cede, o que la inflación europea vuelva a presionar al alza. También una nueva ronda de aranceles entre EE.UU. y la UE podría impulsar el yen hacia 158-160. Pero el sesgo estructural se ha girado a favor del yen. Por primera vez en casi dos décadas el carry trade ya no es un camino de sentido único, eso sugiere una tendencia descendente, aunque gradual, para el euroyen en los próximos trimestres.
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