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Recientemente revisé la tendencia del tipo de cambio del yen en los últimos diez años y encontré algunas lógicas de mercado bastante interesantes. Desde los 80 yenes por dólar en 2012, hasta alcanzar cerca de 160 en 2024, ¿qué ha pasado con el yen en estos más de diez años?
Hablando de ello, la historia de la depreciación del yen empieza con la llegada de Shinzo Abe al poder. A finales de 2012, propuso el plan de "Abenomics", y al año siguiente, el Banco de Japón anunció un programa de compra de activos sin precedentes. En ese momento, el nuevo gobernador, Haruhiko Kuroda, prometió inyectar en el mercado 1.4 billones de dólares en dos años, ¿y qué pasó? El yen se depreció casi un 30% en ese período. Por eso, mucha gente dice que, aunque la política monetaria expansiva estimuló la bolsa, para el yen fue una pesadilla.
El punto de inflexión que llevó al yen a su nivel más bajo en la historia fue en 2021, cuando EE. UU. empezó a endurecer su política monetaria. Cuando la Reserva Federal anunció el Taper, el mercado empezó a jugar con la estrategia de arbitraje de tasas: tomar prestado yen de bajo interés y comprar activos en dólares de alto interés. ¿Qué tan grande fue este arbitraje? Suficiente para empujar el yen hacia abajo con fuerza.
En 2023, el nuevo gobernador del Banco de Japón, Kazuo Ueda, asumió el cargo, y el mercado olfateó un cambio en la política. En ese momento, la inflación en Japón ya superaba el 3.3%, un nivel no visto desde la crisis del petróleo de los años 70. Aunque Ueda dijo que la inflación no sería persistente, el mercado entendió una cosa: la era de la política monetaria expansiva podría estar llegando a su fin.
2024 se convirtió en un año clave de cambio. El Banco de Japón subió las tasas en 10 y 15 puntos básicos en marzo y julio, respectivamente, algo impensable en la última década. Pero aun así, en julio, el yen alcanzó un valor histórico de casi 30 años, llegando a 161 yenes por dólar. La lógica detrás de esto es simple: la Reserva Federal subió las tasas por encima del 5% para combatir la inflación más severa en 40 años, mientras que el Banco de Japón seguía en un estado de ultraexpansión, ampliando la brecha de tasas al máximo. Además, la guerra entre Rusia y Ucrania elevó los precios de la energía, y Japón, como gran importador de recursos, vio aumentar su déficit comercial, lo que presionó aún más al yen a la baja.
Lo interesante es que en 2025, el yen experimentó una "reversión en V". A principios de año, el Banco de Japón elevó las tasas al 0.5%, alcanzando un máximo en 17 años, y la Reserva Federal empezó a bajar las tasas, reduciendo la brecha de tasas entre ambos países. Como resultado, el yen se fortaleció, y el dólar frente al yen cayó de 158 en enero a cerca de 140 en abril. Pero esta recuperación fue esencialmente un movimiento clásico de "convergencia de políticas + reducción de la brecha de tasas", sin que signifique que la economía japonesa haya mejorado realmente.
En la segunda mitad del año, la situación cambió otra vez. Aunque la Reserva Federal bajó las tasas tres veces en todo el año, el Banco de Japón subió las suyas dos veces, manteniéndose en una política de tasas negativas. Los inversores seguían prefiriendo tomar prestado yen de bajo interés para comprar activos en dólares de mayor rendimiento. Además, la nueva primera ministra, Sanae Takaichi, continuó con la política de "Abenomics" de gran gasto, lo que generó preocupaciones sobre la situación fiscal de Japón. Las políticas de Trump de aranceles, recortes de impuestos y expansión fiscal también se interpretaron como un "inflamiento de Trump", apoyando al índice del dólar. Al final del año, el dólar frente al yen volvió a situarse entre 155 y 158, incluso alcanzando mínimos de diez años.
En definitiva, la causa principal de la debilidad del yen sigue siendo la estructura misma de Japón: alta deuda, bajo crecimiento, envejecimiento poblacional y dependencia energética de las importaciones. Además, la inconsistencia en las políticas hace que el mercado mantenga una postura pesimista a largo plazo respecto al yen. La aparición de los mínimos históricos del yen refleja la explosión de estos problemas profundos.
Desde una perspectiva de inversión, el yen en su nivel histórico más bajo puede ofrecer algunas oportunidades, pero el riesgo en el mercado de divisas no es menor, por lo que se requiere cautela en la estrategia y en la gestión del riesgo. El futuro del yen dependerá en gran medida de las decisiones de política monetaria de EE. UU. y Japón, y de si Japón podrá realmente resolver estos problemas estructurales.