Últimamente he visto muchas discusiones sobre la tendencia del cambio de dólares a yenes, y he descubierto que la historia del yen en estos diez años en realidad vale la pena entenderla en profundidad. Desde los 80 yenes en 2012 hasta cerca de 160 en 2024, ¿qué ha pasado con el yen?



He organizado los puntos clave de estos más de diez años y he encontrado que la tendencia del yen tiene una lógica económica muy profunda detrás. El gran terremoto de 2011 causó un impacto enorme en Japón, además de los accidentes en las plantas nucleares, Japón necesitaba comprar grandes cantidades de dólares para adquirir petróleo, lo que directamente debilitó el yen. Pero lo que realmente cambió las reglas del juego fue la política económica lanzada por Abe tras su ascenso en 2012.

En ese momento, el Banco Central de Japón implementó en 2013 una flexibilización sin precedentes, con Kuroda Haruhiko anunciando que usaría todos los medios para estimular la economía, inyectando en dos años el equivalente a 1.4 billones de dólares en moneda. Esta decisión hizo que el yen se devaluara casi un 30% en solo dos años. Como ves, la tasa de cambio del dólar frente al yen empezó a acelerarse, y fue desde ese momento.

En 2016 hubo una reversión interesante. Ese año, el Banco de Japón anunció tasas de interés negativas, y las señales de una economía global débil llevaron fondos a refugiarse en el yen como activo de protección, además de que el Brexit generó pánico, y el yen alcanzó un pico alto de 100-101. Pero esta fortaleza no duró mucho.

El verdadero punto de inflexión ocurrió en 2021. La Reserva Federal empezó a insinuar que iba a endurecer su política, mientras que el Banco de Japón seguía manteniendo una política ultra expansiva. Esto creó un entorno perfecto para el arbitraje: los inversores tomaban prestado yenes a bajo interés y compraban activos en dólares con mayor rendimiento. La tendencia del dólar frente al yen empezó a subir desde entonces, y la presión fue en aumento.

Para 2023, el nuevo gobernador del Banco de Japón, Ueda Kazuo, empezó a dar señales de que podría cambiar la política. La inflación superó el 3.3%, y el IPC subyacente también rompió el 3.1%, alcanzando niveles no vistos desde los años 70. El mercado empezó a anticipar que Japón ajustaría su política de flexibilización.

En 2024 se convirtió en un año clave. El Banco de Japón subió las tasas en marzo y julio en 10 y 15 puntos base, llevando la tasa de interés a 0.25%. Pero al mismo tiempo, la Reserva Federal subió las tasas aún más agresivamente, superando el 5%. La brecha de tasas entre EE. UU. y Japón se amplió rápidamente, y la presión de depreciación del yen alcanzó niveles históricos. En julio, el dólar frente al yen incluso superó los 161-162, marcando un mínimo de más de 30 años.

Lo interesante es que, ya en 2025, la tendencia del dólar frente al yen mostró una reversión en forma de V. A principios de año, el yen se fortaleció, subiendo desde 158 hasta cerca de 140, principalmente porque el Banco de Japón elevó las tasas al 0.5%, y la Fed empezó a bajar tasas. Pero esta apreciación fue en esencia solo una volatilidad a corto plazo provocada por la convergencia de políticas, no una mejora real de la economía japonesa.

Después del segundo trimestre, la situación se invirtió otra vez. El dólar frente al yen rebotó más del 12-13% desde los mínimos, y a finales de año volvió a situarse en el rango de 155-158. La razón es compleja: aunque la Fed bajó las tasas tres veces en todo el año y Japón subió dos veces, Japón sigue en tasas negativas, y la tentación de arbitraje aún existe. Además, con el nuevo primer ministro continuando con políticas de gasto masivo, el mercado empezó a preocuparse por las finanzas japonesas. La expectativa de una "inflación descontrolada" impulsada por las políticas de Trump también apoyó al dólar.

En definitiva, la causa fundamental de la debilidad a largo plazo del yen no radica en políticas a corto plazo, sino en los problemas estructurales de Japón: alta deuda, bajo crecimiento, envejecimiento poblacional y dependencia de importaciones energéticas. Estas dificultades a largo plazo mantienen al mercado en una visión pesimista sobre el yen.

Actualmente, el tipo de cambio del dólar frente al yen está en mínimos históricos, lo que realmente ofrece algunas oportunidades en el mercado de divisas. Pero la volatilidad es alta y los riesgos también. Para hacer trading, lo mejor es tener una estrategia clara y un plan de gestión de riesgos, sin seguir ciegamente la corriente. El futuro del yen dependerá en gran medida de las próximas decisiones de política de los bancos centrales de EE. UU. y Japón.
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