¿Alguna vez has pensado en cómo un chico que enfrentó dislexia en la infancia terminó creando uno de los mayores imperios del comercio minorista brasileño? Pues sí, la historia de Luciano Hang es de esas que merece más atención.



Nacido en 1962 en Brusque, Santa Catarina, Hang creció en un ambiente donde el trabajo era prácticamente una religión. Sus padres trabajaban en la industria textil, y desde temprano ya demostraba ese virus del emprendimiento. Con solo 17 años, empezó a trabajar en la Fábrica de Tejidos Carlos Renaux y, poco después, a los 21, ya había adquirido la Tecelagem Santa Cruz. Es decir, mientras mucha gente de su edad estaba en la fiesta, Hang ya estaba construyendo su primer imperio.

Pero lo realmente importante fue en 1986, cuando él y Vanderlei de Lima abrieron la primera tienda de Havan. El nombre vino de la combinación de los dos nombres, y aquello que empezó como una pequeña tienda de telas se convirtió en una máquina de generar ganancias. Con el tiempo, Hang compró la participación del socio y pasó a controlar todo solo. La empresa evolucionó, salió del enfoque en telas y se transformó en esa tienda por departamentos que conocemos hoy.

El crecimiento fue impresionante. De una tienda en 1986 a más de 100 tiendas distribuidas por Brasil en 2017. En 2003, ya había lanzado su comercio electrónico. Esas tiendas con arquitectura estilo americana, con réplicas de la Estatua de la Libertad, se convirtieron prácticamente en un símbolo. Todo muy estratégico, muy bien pensado.

Y aquí viene la parte interesante: Luciano Hang, que hoy tiene más de 60 años, acumuló una fortuna estimada en unos 3,2 mil millones de dólares. Está entre los más ricos de Brasil, y gran parte de eso vino de Havan, pero también tiene participación en otros negocios, centros comerciales, distribuidoras de energía, inversiones en medios. El tipo diversificó.

Lo curioso es que Havan nunca salió a bolsa, a pesar de tener un faturamiento gigantesco. En 2021, las estimaciones apuntaban a una valoración de 45 mil millones de reales, pero la oferta pública inicial nunca salió del papel. Decisión estratégica, me imagino.

Ahora, lo que realmente catapultó a Hang a la cultura popular fue su presencia en las redes sociales. A partir de 2017, empezó a aparecer más en campañas y videos de la propia empresa. Y así nació el apodo que se volvió pesado: "Viejo de Havan". Al principio era más una crítica, pero el tipo fue inteligente y convirtió eso en estrategia de marketing. Funcionó. Se convirtió en meme, en marca, en todo.

En los últimos años, Hang también ganó notoriedad por sus posiciones políticas. Apoyo declarado durante las elecciones de 2018 y 2022, participación en debates públicos, controversias. Todo eso solo amplificó aún más su visibilidad.

Pero independientemente de todo, el tipo construyó algo real. De una pequeña tienda de telas a una red nacional reconocida, con identidad visual fuerte y presencia marcada. La trayectoria de Luciano Hang demuestra que, incluso con obstáculos al principio, cuando tienes determinación y visión, puedes transformar un negocio regional en potencia nacional. Eso es un hecho.
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