¿Alguna vez has pensado en quién controla realmente las mayores fortunas de Brasil? Pues bien, hay una historia fascinante detrás de esto.



Vicky Safra es hoy la mujer más rica de Brasil, pero prácticamente nadie sabe quién es ella. Viuda del banquero Joseph Safra, heredó y ahora administra un imperio financiero que comenzó allá en el siglo XIX, en Oriente Medio. La familia Safra no es de esas que les encanta aparecer en los medios — al contrario, la discreción es prácticamente su marca registrada.

Lo que pocos saben es que la riqueza de este grupo no vino de la nada. En la década de 1840, los antepasados financiaban caravanas comerciales en el Imperio Otomano usando camellos para transportar mercancías. Parece cosa de otro mundo, pero fue exactamente ese tipo de visión emprendedora la que construyó una fortuna que perdura hasta hoy, cerca de 180 años después.

Jacob Safra, padre de Joseph, fue quien llevó esa operación a Brasil en 1953, fundando la Safra Importación y Comercio y luego expandiéndose a actividades bancarias. Ahí sí empezó el negocio de verdad. Joseph Safra, el hijo menor, vivió en varios países (Inglaterra, EE. UU., Argentina) antes de establecerse definitivamente en Brasil, donde conoció a Vicky Sarfaty en 1969. Ella tenía apenas 17 años cuando se casaron.

La pareja tuvo cuatro hijos que fueron preparados desde el principio para manejar los negocios. Jacob, el primogénito, se encarga de las operaciones internacionales, mientras que David J. Safra supervisa los negocios en Brasil. Todo esto refleja el estilo conservador de Joseph — nada de crecimiento acelerado, todo pensado a largo plazo.

Ahora viene lo interesante: después de que Joseph falleció en 2020, Vicky Safra asumió la gestión patrimonial de la familia. La fortuna de ella ronda los 16,6 mil millones de dólares, según estimaciones recientes. Los principales activos incluyen el Banco Safra aquí en Brasil, J. Safra Sarasin en Suiza (que administra unos 90 mil millones en activos), además de una pesada cartera inmobiliaria — como el famoso edificio Gherkin en Londres y una propiedad en 660 Madison Avenue en Nueva York.

Lo que llama la atención es que Vicky Safra no es de esas multimillonarias que quieren aparecer en revistas o hacer transmisiones en vivo en Instagram. Ella reside en Suiza y mantiene un perfil extremadamente reservado. Su actuación pública se da principalmente a través de la Fundación Vicky y Joseph Safra, que invierte en educación, artes y salud.

La trayectoria de Vicky Safra demuestra que no necesitas estar en los medios para tener influencia económica global. Mientras mucha gente busca likes y seguidores, la gente que realmente controla el capital está allí, discreta, enfocada en gobernanza y preservación patrimonial. Ese es el modelo que realmente funciona — solidez, estrategia a largo plazo y cero ruido innecesario.
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