Realmente, la recesión es un tema que los inversores deben entender a fondo, porque puede afectar mucho su cartera. He visto a muchas personas alarmadas al escuchar esa palabra, pero ¿qué es exactamente una recesión y cómo deberíamos prepararnos?



Vamos a entender los conceptos básicos primero, la recesión es una desaceleración generalizada de la actividad económica que dura un período prolongado. Por lo general, los economistas consideran que hay recesión cuando el PIB es negativo durante dos trimestres consecutivos o más. La Oficina Nacional de Investigación Económica (NBER) en Estados Unidos la define como una disminución significativa de la actividad económica en un período de al menos 2 trimestres o 6 meses, considerando factores como el PIB, ingresos, tasa de empleo, producción y ventas minoristas.

Las causas de la recesión son variadas, no solo una sola. A veces proviene de una crisis del petróleo, otras de la especulación en el sector inmobiliario, o de una expansión descontrolada del crédito. Incluso eventos imprevistos como una pandemia pueden desencadenarla. La recesión en un país puede propagarse a otros, especialmente si ocurre en grandes economías como Estados Unidos.

Si miramos la historia de Estados Unidos desde 2000, hay tres crisis importantes. La primera fue la crisis de las punto com en 2001, que duró solo 8 meses, con una caída del PIB del 0.3% y una tasa de desempleo del 6.3%, causada por la especulación en tecnología y los ataques del 11 de septiembre, siendo una recesión relativamente leve.

La segunda fue la Gran Recesión de 2007 a 2009, un evento mucho más grave, que duró 18 meses, con una caída del PIB del 5.1% y una tasa de desempleo del 10%. Fue causada por la crisis financiera derivada de la burbuja inmobiliaria, con precios de viviendas que subieron de 140 en 2000 a 220 en 2006-2007, y luego colapsaron, generando pérdidas en instrumentos financieros mal gestionados. La Reserva Federal implementó una expansión cuantitativa (QE) por más de 1.75 billones de dólares y bajó las tasas de interés casi a cero.

La tercera fue la recesión provocada por COVID-19 en 2020, la más rápida, que duró solo 2 meses (febrero a abril de 2020), pero con un impacto muy fuerte: el PIB cayó un 19.2% y la tasa de desempleo subió al 14.7%. Se debió a cierres en turismo y producción, y tanto el gobierno como la Fed intervinieron con QE4 y paquetes de estímulo económico.

Durante una recesión, los activos riesgosos suelen caer mucho. Por ejemplo, en COVID, el índice Dow Jones cayó un 38.4%, el petróleo casi un 98% llegando a cerca de 1 dólar por barril, mientras que el oro subió un 32%. Los bonos a 10 años de EE. UU. cayeron un 80% en rendimiento (lo que indica que su precio subió, ya que los inversores los buscan más). Es un movimiento de aversión al riesgo, donde la gente evita activos riesgosos y busca refugio en activos seguros.

Para los inversores, la recesión es un momento en que hay que mantener la calma y la disciplina. Algunas cosas que no se deben hacer: primero, no aumentar las inversiones en activos riesgosos, porque el riesgo aumenta mucho y las pérdidas también. Segundo, no endeudarse en exceso, ya que la recesión puede ser una oportunidad para comprar activos a buen precio, pero si ya tienes mucha deuda, tus ingresos deben destinarse a pagarla, perdiendo esa oportunidad. Tercero, evitar préstamos con tasa variable (ARM), porque al inicio de la recesión los bancos bajan las tasas, pero cuando la economía se recupera, las suben, haciendo que los pagos suban y quizás no puedas pagarlos.

Lo que sí se recomienda hacer: primero, cambiar las inversiones a activos seguros como oro o bonos, que protegen la cartera. Segundo, mantener una fuente de ingresos estable, como un empleo fijo, para tener dinero para comprar activos a buen precio durante la recesión. Tercero, si necesitas pedir prestado, optar por tasas fijas (FRM), para saber cuánto pagarás durante toda la duración del préstamo.

Finalmente, la recesión no es un período aterrador si uno se prepara. Los inversores con experiencia saben que la recesión llegará eventualmente y siempre mantienen su cartera lista para afrontarla. Para quienes se preparan bien, la recesión no es una crisis, sino una oportunidad para comprar activos a buen precio y mantenerlos a largo plazo.
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