Recientemente, un amigo me preguntó cómo se juega con futuros, y me di cuenta de que muchas personas sienten curiosidad y miedo al mismo tiempo, pensando que es muy arriesgado y que fácilmente pueden perder dinero. En realidad, para entender los futuros, primero hay que saber de dónde vienen.



Hablando del origen de los futuros, hay que remontarse a la era de la civilización agrícola. El mayor problema que enfrentaban los agricultores en la antigüedad era depender del clima — si tenían buena cosecha, los precios caían drásticamente; si tenían mala cosecha, los precios subían mucho, lo cual era una pesadilla tanto para los agricultores como para los consumidores. El gobierno chino antiguo regulaba esto mediante almacenes oficiales, pero los países occidentales pensaron en otra solución: usar contratos para que los agricultores y comerciantes acordaran de antemano los precios de las transacciones futuras. Así, los agricultores podían asegurar sus ingresos y los comerciantes podían determinar sus costos con anticipación, ambos evitaban riesgos. Esa fue la primera forma de futuros.

Los futuros modernos en esencia son contratos que acuerdan comerciar algo en una fecha futura a un precio determinado. Los activos subyacentes de los futuros son muy variados: pueden ser productos agrícolas, metales, energía, o también activos financieros como índices bursátiles y tipos de cambio. El mercado de futuros más activo del mundo es el de futuros sobre índices bursátiles en Estados Unidos, con muchos participantes y una liquidez extremadamente alta.

¿Entonces, qué ventajas tienen los futuros en comparación con las acciones? La mayor característica es el apalancamiento. No necesitas pagar el valor total del activo, solo una parte como margen — generalmente entre el 5% y el 10% del valor del activo — y así puedes controlar todo el contrato. Esto permite hacer operaciones con poco dinero para obtener grandes ganancias, pero también aumenta el riesgo. Además, en los futuros se puede hacer tanto compra como venta en corto, a diferencia de las acciones que principalmente se compran para subir de valor, y hacer cortos requiere pedir préstamos de acciones.

Antes de comenzar a operar con futuros, hay que aclarar algunos puntos clave. Primero, el riesgo del apalancamiento — que amplifica tanto tus ganancias como tus pérdidas. Segundo, la liquidez, hay que escoger productos con alta actividad de negociación, de lo contrario los diferenciales de compra y venta serán muy amplios. También está la función de cobertura: si tienes una acción y temes que el mercado caiga, puedes hacer una posición en corto en futuros sobre índices relacionados para cubrirte. Por ejemplo, si tienes acciones tecnológicas, puedes hacer cortos en futuros del índice Nasdaq, de modo que las ganancias en futuros puedan compensar las pérdidas en las acciones durante una caída del mercado.

¿En qué se diferencian los futuros del mercado spot? En el mercado spot, compras algo y pagas el precio completo; en los futuros, solo necesitas pagar el margen. El mercado spot no tiene fecha de vencimiento, los futuros sí. En el mercado spot compras un bien tangible, en los futuros compras un contrato. Esto también explica por qué los futuros tienen una fecha de entrega, y al llegar esa fecha hay que liquidar.

Si quieres empezar a operar con futuros, te recomiendo comenzar por entender lo básico. Los contratos de futuros detallan el activo subyacente, el volumen de negociación, el tamaño mínimo de la variación de precio, los horarios de negociación, la fecha de vencimiento y el método de liquidación. Toda esta información se puede consultar en las páginas de las bolsas y los corredores. Los productos de futuros más populares incluyen índices bursátiles (como S&P 500, Nasdaq 100), futuros de tasas de interés (bonos gubernamentales a diferentes plazos), metales (oro, plata, cobre), energía (petróleo, gas natural) y productos agrícolas (trigo, maíz, café).

Los pasos prácticos para operar son los siguientes: primero, definir si tu estilo de trading será a largo plazo o a corto plazo. Los inversores a largo plazo en realidad no deberían usar los futuros como herramienta principal, sino más bien para cobertura. Luego, abrir una cuenta con un corredor de futuros confiable, que conecte con la bolsa y la cámara de compensación, y que ofrezca un sistema de órdenes electrónicas. Antes de poner dinero real, es fundamental practicar con una cuenta demo para verificar si tu estrategia realmente puede ser rentable.

Los futuros tienen dos formas básicas de jugar. Comprar en largo significa que esperas que el precio suba; por ejemplo, si crees que el precio del petróleo aumentará, compras contratos de futuros de petróleo y cuando suba, los vendes para obtener ganancias. Vender en corto significa que esperas que el mercado caiga; por ejemplo, si piensas que el mercado de acciones bajará, vendes contratos de futuros del índice S&P 500 y cuando baje, cierras la posición para obtener beneficios. La flexibilidad de poder hacer tanto largos como cortos es una gran ventaja de los futuros frente a las acciones.

Pero los riesgos de los futuros también son reales. El riesgo principal es el del apalancamiento — que puede ser una espada de doble filo, amplificando tanto las ganancias como las pérdidas. Lo más peligroso es que en los futuros puedes tener responsabilidad ilimitada. Comprar acciones solo puede hacer que pierdas tu inversión, pero en los futuros, solo has puesto un margen, pero el valor del contrato puede ser 20 veces ese margen. Si el mercado se mueve mucho en contra, podrías deber dinero a la corredora. Además, el ingreso a este mercado requiere conocimientos más especializados que las acciones.

Por eso, antes de operar con futuros, es imprescindible tener un plan estricto de stop-loss y take-profit, y seguirlo con disciplina. Los principiantes deberían comenzar con mini-futuros para controlar el riesgo.

Hablando de esto, también hay que mencionar los Contratos por Diferencia (CFD), que combinan ventajas de los futuros y del mercado spot, y son especialmente adecuados para los inversores minoristas. Los CFD son derivados que siguen el precio del mercado spot, y se liquidan por la diferencia entre compra y venta, sin fecha de vencimiento ni necesidad de entrega física. Además, ofrecen una variedad más amplia de instrumentos, mayor flexibilidad en las especificaciones y costos de margen más bajos. El apalancamiento puede ajustarse desde 1x hasta 200x.

Ya sea operando con futuros o con CFD, lo fundamental es lo mismo: controlar bien el apalancamiento, tener un plan completo de trading que incluya puntos de entrada, stop-loss y take-profit, y cumplirlo estrictamente. La atracción de los futuros radica en su flexibilidad y efecto de apalancamiento, pero también en su riesgo. Por eso, los futuros pueden hacerte rico o arruinarte, y la clave está en si realmente los entiendes y respetas.
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