Mucha gente entra al mercado de valores sin entender realmente qué está comprando. La verdad es que no todas las acciones son iguales, y esa diferencia puede cambiar completamente tu estrategia de inversión.



La mayoría de inversores conocen las acciones ordinarias, esas que te permiten votar en las asambleas y esperar dividendos variables. Pero existe otro tipo que muchos pasan por alto: las acciones preferentes. Entender bien cómo funcionan ambas es crucial si quieres armar una cartera sólida.

Las acciones comunes son lo que la mayoría imagina cuando piensa en invertir. Te compras un pedazo de la empresa, tienes voz en las decisiones importantes y esperas que el precio suba. El riesgo es alto, pero también lo es el potencial de ganancia. Los dividendos que recibes dependen directamente de qué tan bien le vaya a la compañía. En una quiebra, tú eres de los últimos en la fila para recuperar algo.

Ahora bien, las acciones preferentes juegan un juego diferente. Imagina que son como un híbrido entre una acción y un bono. No tienes derecho a voto en la empresa, pero a cambio recibes dividendos más estables y predecibles. En caso de problemas financieros, tienes prioridad sobre los accionistas comunes. El crecimiento potencial es menor, pero la seguridad es mayor.

Existen variantes interesantes dentro de las acciones preferentes. Las acumulativas te garantizan que si la empresa no puede pagarte un dividendo en cierto período, ese dinero se acumula para después. Las convertibles te permiten transformarlas en acciones ordinarias bajo ciertas condiciones. Las rescatables pueden ser recompradas por la empresa. Cada una tiene su lógica según lo que busques.

Cuando comparas acciones preferentes y comunes lado a lado, las diferencias son claras. Las preferentes ofrecen dividendos fijos o con tasa preestablecida, mientras que las comunes varían según los resultados de la empresa. La liquidez de las comunes es generalmente más alta porque hay más compradores y vendedores. Las preferentes pueden tener restricciones de venta y cláusulas que complican su salida.

Desde el punto de vista del riesgo, las comunes son más volátiles. Un cambio en las condiciones del mercado o en el rendimiento de la empresa puede hacer que el precio se dispare o se desplome. Las preferentes, al tener dividendos fijos, son más sensibles a los cambios en las tasas de interés. Cuando suben las tasas, sus precios bajan porque otros instrumentos se vuelven más atractivos.

La historia del mercado nos muestra esto claramente. Si miramos el período de cinco años pasado, el S&P 500 creció un 57,60% mientras que el S&P U.S. Preferred Stock Index cayó un 18,05%. Esa brecha refleja exactamente lo que estamos diciendo: las acciones comunes ofrecen mayor potencial de crecimiento, pero las preferentes mantienen su valor de forma más estable en ciertos contextos.

Para invertir en cualquiera de estos tipos, el proceso es similar. Necesitas elegir un bróker regulado, abrir una cuenta, analizar bien la empresa en la que vas a invertir y ejecutar tu orden. Algunos brókers también ofrecen CFDs sobre estas acciones, lo que te permite especular sin ser propietario del activo.

La estrategia depende de dónde estés en tu vida financiera. Si eres joven y tienes años por delante, las acciones comunes pueden ser tu aliado para construir riqueza a largo plazo. Puedes soportar la volatilidad porque tienes tiempo de recuperarte de las caídas. Si estás cerca de la jubilación o buscas ingresos regulares, las acciones preferentes ofrecen esa tranquilidad que necesitas.

Lo inteligente es no elegir solo una. Muchos inversores exitosos mezclan ambas en su cartera. Las acciones comunes te dan el potencial de crecimiento, mientras que las preferentes actúan como amortiguador, proporcionando ingresos predecibles y reduciendo la volatilidad general. Es un equilibrio entre riesgo y retorno que funciona para diferentes momentos del mercado.

Una recomendación final: revisa tu inversión regularmente. El mercado cambia, tus circunstancias personales también, y lo que fue una buena estrategia hace un año podría no serlo hoy. La diversificación no es solo una palabra de moda, es la base de una inversión prudente.
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