Acabo de ver un conjunto de datos muy interesante, la ola de ventas en el mercado de bonos global en mediados de mayo fue realmente fuerte. La tendencia del dólar frente al yen refleja en realidad un problema más profundo: las expectativas de inflación global están en aumento.



En ese momento, el rendimiento de los bonos del Tesoro estadounidense superó directamente el 4.5%, y el rendimiento de los bonos a 10 años de Japón subió hasta el 2.79%, alcanzando un máximo de casi 29 años. Esto se debe principalmente a que los precios del petróleo continuaron subiendo más allá de las expectativas, y el mercado comenzó a apostar a que la Reserva Federal podría subir las tasas antes de fin de año. Pero para Japón, el problema es aún más grave: su dependencia del petróleo del Medio Oriente supera el 90%, y si el tránsito en el estrecho de Hormuz se ve obstaculizado, la presión inflacionaria importada aumentará rápidamente.

Lo interesante es que el gobierno japonés también está considerando elaborar un presupuesto complementario para hacer frente al impacto en los precios de los bienes causado por el conflicto en Oriente Medio. Cuando se lanzó esta señal, las preocupaciones del mercado sobre el déficit fiscal de Japón aumentaron, lo que llevó a un aumento en el rendimiento de los bonos japoneses. Creo que aquí hay un riesgo clave que muchos han pasado por alto: a medida que la diferencia entre el rendimiento de los bonos japoneses y los bonos estadounidenses se reduce, los inversores con fondos sustanciales en Japón podrían retirar sus fondos a largo plazo del extranjero. Hay que recordar que Japón es el mayor tenedor de bonos del Tesoro estadounidense, y si la estrategia de arbitraje de tasas en yenes se invierte a gran escala, los bonos del Tesoro estadounidense podrían enfrentarse a una nueva ola de ventas.

Desde el punto de vista técnico, en ese momento el dólar frente al yen ya había rebotado hasta el nivel de 159.0, y estuvo en alza durante cinco días de negociación. Según la tendencia, en el corto plazo todavía podría seguir intentando alcanzar los 160, un nivel psicológico importante. Pero también hay que tener cuidado con los riesgos a mediano plazo: si no logra romper efectivamente los 160, la posibilidad de una caída en reversa aumentará.

En esencia, la política del Banco de Japón es muy clave. El gobierno quiere mantener una política monetaria flexible, pero si el banco central no sube las tasas pronto, la debilidad del yen agravará aún más los efectos inflacionarios. El mercado espera en general que el Banco de Japón tome medidas en junio, pero si ese calendario puede seguir el ritmo de la situación, todavía depende de cómo evolucionen la situación en Oriente Medio y los precios de las materias primas. En general, esta tendencia requiere una vigilancia estrecha de las declaraciones de la Reserva Federal y del Banco de Japón, así como de la estabilidad del mercado de bonos japonés — estos son factores clave que influirán en la futura dirección del dólar frente al yen.
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