He estado pensando bastante en esto últimamente y creo que es algo que muchos no terminan de entender bien. La mayoría de la gente cree que todas las acciones son iguales, pero la realidad es que hay diferencias bastante importantes entre las acciones comunes y otros tipos que emiten las empresas.



Veamos, cuando una empresa sale a bolsa, puede emitir principalmente dos tipos: las acciones comunes y las preferentes. Cada una tiene su propia lógica y atrae a inversores diferentes. Las acciones comunes son las más conocidas, las que la mayoría de nosotros compramos. Te dan derecho a voto en las asambleas, lo que significa que puedes opinar sobre decisiones importantes de la empresa. El tema es que los dividendos que recibas van a variar según cómo le vaya a la compañía, y en caso de quiebra, eres de los últimos en cobrar.

Por otro lado están las acciones preferentes, que funcionan de manera bastante distinta. Generalmente no te dan derecho a voto, pero a cambio ofrecen dividendos más estables y predecibles, muchas veces fijos. Si la empresa quiebra, tú tienes prioridad sobre los accionistas comunes para recuperar tu inversión. Hay varias variantes de acciones preferentes: algunas acumulan dividendos no pagados, otras son convertibles en acciones comunes, y algunas pueden ser recompradas por la empresa.

La diferencia fundamental está en el perfil del inversor. Si buscas influencia en la empresa y estás dispuesto a asumir más riesgo a cambio de mayor potencial de ganancias, las acciones comunes son tu opción. Son más líquidas, permiten transacciones rápidas y ofrecen un potencial de crecimiento considerable. Pero ojo, la volatilidad es alta y los dividendos pueden ser nulos en malos años.

Si lo que quieres es estabilidad y flujo de ingresos predecible, las acciones preferentes van más con tu perfil. Son ideales si estás cerca de la jubilación o si simplemente prefieres dormir tranquilo sabiendo que tus dividendos son más seguros. La contrapartida es que el potencial de crecimiento es limitado y suelen ser menos líquidas.

Para comprar cualquiera de estos tipos necesitas un bróker regulado. El proceso es simple: abres cuenta, depositas fondos, analizas bien la empresa que te interesa y ejecutas tu orden. Puedes ir al precio del mercado o fijar tu propio precio. Incluso puedes operar con CFDs sobre estas acciones si tu bróker lo ofrece.

Mi recomendación personal es que no te cases con un solo tipo. Mezcla acciones comunes con preferentes según tu situación. Si eres joven, puedes permitirte más riesgo con las comunes. Si buscas ingresos regulares, las preferentes son tu aliada. Lo importante es que hagas seguimiento periódico y ajustes tu estrategia cuando el mercado cambie.

La realidad es que el mercado de acciones preferentes representa casi el 71% del segmento de preferentes en EE.UU., así que no es algo marginal. Mirando el histórico, el contraste entre cómo se comportan las acciones comunes versus las preferentes es interesante: mientras el S&P 500 subió 57,60% en cinco años, el índice de preferentes cayó 18,05% en el mismo período. Esto refleja cómo responden diferente a cambios en las tasas de interés y condiciones económicas. Entonces, antes de invertir, pregúntate qué necesitas realmente: crecimiento agresivo o ingresos estables. Esa respuesta te dirá qué tipo de acciones comunes o preferentes encajan mejor en tu cartera.
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