En los próximos 30 años, a nivel nacional e incluso global, la energía nuclear será la fuerza dominante en una nueva revolución energética.



Mientras la IA, los robots, los vehículos eléctricos y los centros de cálculo consumen electricidad de manera frenética, lo que realmente decidirá el futuro no es el flujo, no es la finanza, sino la electricidad estable y barata.

La energía eólica y la fotovoltaica, por muy potentes que sean, no pueden evitar los puntos débiles de depender del clima, la inestabilidad de las fluctuaciones y los altos costos de almacenamiento de energía. La energía térmica tradicional, por muy estable que sea, no puede resistir la tendencia de neutralidad de carbono y la presión ambiental a largo plazo. Y la energía nuclear, es la respuesta definitiva que puede abordar simultáneamente los objetivos de cero carbono, seguridad energética y la demanda supereléctrica.

Generando energía a plena capacidad las 24 horas del día, sin verse afectada por el día y la noche, las estaciones o el clima, es la energía base sólida que sustenta el mundo digital, la manufactura industrial inteligente y la electrificación total de la población.

En la competencia por la fortuna nacional, la victoria en la industria y la elevación de la civilización en los próximos treinta años, al final, lo que importa es quién puede poseer una energía eléctrica continua, limpia y de bajo costo.

La era de la energía nuclear acaba de comenzar.
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