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Índice de Hashrate: Análisis de la situación actual de la minería de Bitcoin en Bolivia en 2026
Autor: Hashrate Index
Enlace al artículo original:
Declaración: Este artículo es una reproducción, los lectores pueden obtener más información a través del enlace original. Si el autor tiene alguna objeción respecto a la forma de reproducción, por favor contáctenos, haremos las modificaciones según sus requisitos. La reproducción se realiza únicamente para compartir información, no constituye ningún consejo de inversión, ni refleja las opiniones y posiciones de Wu.
Resumen principal
Bolivia experimentó anteriormente un aumento de más del 2,400% en la potencia de hash, que en esencia fue una operación de arbitraje puro basada en subsidios gubernamentales al gas natural (precio subsidiado de $1.30/MMBTU frente a precios internacionales de 8–12 dólares/MMBTU) — y la caída de la potencia en el segundo trimestre de 2026 indica que el mercado ya había anticipado la expiración de esa política de subsidios.
El grupo italiano de centros de datos Alps es actualmente el único operador con lógica de sostenibilidad: mediante un modelo de negocio de “liquidación en dólares y autoconsumo”, planean activar una planta de cogeneración de 127MW en Cochabamba, que se encuentra inactiva, para evitar completamente la crisis actual del tipo de cambio del peso boliviano.
Dejando de lado los dividendos temporales del gas natural, Bolivia posee activos energéticos sólidos a largo plazo — incluyendo la hidroeléctrica en cascada Zongo de COBEE (188MW), energía solar en la meseta de Uyuni y recursos geotérmicos en Laguna Colorada — además, el nuevo gobierno está abriendo activamente la economía a capital extranjero.
La verdadera oportunidad en Bolivia replica la trayectoria de Paraguay, que se convirtió en la cuarta mayor nación minera del mundo: excedentes estructurales de electricidad + voluntad del gobierno de impulsar un marco legislativo + entrada de capital institucional de élite. Bolivia ya cumple con los dos primeros, y Alps está trabajando en construir el tercero.
Prefacio
En América Latina, la historia de la minería de Bitcoin en Bolivia es uno de los casos menos conocidos y más propensos a ser malinterpretados por el exterior.
En aproximadamente 18 meses hasta principios de 2026, ese país logró un salto sorprendente en el mapa de calor de la potencia de hash global, pasando de “casi sin datos” a “más del 2,400% de aumento interanual en la potencia”, convirtiéndose en uno de los mercados de minería de más rápido crecimiento en el mundo. Sin embargo, en el segundo trimestre de 2026, esa tendencia comenzó a desacelerarse. La discrepancia entre los datos explosivos y la retirada estratégica revela la verdadera cara y las limitaciones del mercado de minería en Bolivia.
Bolivia no es Paraguay. No cuenta con ese excedente hidroeléctrico estructural a largo plazo, generado por grandes centrales hidroeléctricas ya amortizadas (que pueden reducir los precios a costos marginales cercanos a cero). La baza de Bolivia radica en su estructura de red eléctrica: el 70% de su electricidad proviene de gas natural, y la empresa estatal YPFB ofrece un subsidio sustancial de aproximadamente $1.30 por MMBTU, mientras que los precios en el mercado internacional de GNL oscilan entre 8 y 12 dólares por MMBTU. Esa enorme diferencia de precios ha generado tarifas industriales extremadamente bajas, creando márgenes de ganancia para la minería de Bitcoin, rápidamente captados por operadores agudos.
Sin embargo, ese arbitraje tiene una vigencia limitada. Bolivia está en camino de convertirse en importador neto de gas natural en 2 a 5 años. Una vez completado ese cambio, la base económica que sustentó el auge de la potencia de hash se deteriorará rápidamente.
Pero la historia energética de Bolivia no termina con el fin de los subsidios al gas. Alps, grupo italiano de centros de datos, junto con Qurubiqa, planea activar una planta de gas de 127MW en Cochabamba, que actualmente está inactiva debido a la crisis cambiaria del país. Además, Bolivia cuenta con hidroeléctrica en cascada, energía solar en la meseta de Uyuni, recursos geotérmicos en Laguna Colorada, y un nuevo gobierno de derecha que busca atraer inversión extranjera para aliviar la crisis de liquidez en dólares. La combinación de “infraestructura energética ociosa” y “gobierno que necesita dólares” es la razón fundamental por la que Alps y Qurubiqa se dirigen a Cochabamba, y esto hace que la resiliencia del mercado minero en Bolivia sea mucho mayor que la que sugería el aumento del 2,400% mencionado en nuestro “Informe sobre la situación de la minería de Bitcoin en América Latina 2026”.
Desglose de la red eléctrica: análisis de la matriz energética de Bolivia
El sistema eléctrico interconectado nacional (SIN) de Bolivia es gestionado por CNDC (Comité Nacional de Despacho de Carga) y regulado por AETN (Autoridad de Electricidad y Tecnología Nuclear). Desde 2010, la demanda eléctrica del país ha crecido un 85%, pasando de 5,664 GWh a aproximadamente 10,450 GWh en 2024. La empresa estatal ENDE Corporación domina el sector, con su filial ENDE Andina aportando el 57% de toda la generación del sistema.
Estructura de generación y limitaciones clave (2026)
ENDE Andina opera en Cochabamba, Tarija y Santa Cruz, las tres principales plantas, que son pilares del sistema eléctrico boliviano. Todas utilizan tecnología de ciclo combinado de gas, recuperando calor residual para generar vapor secundario y maximizar la eficiencia de generación con el gas subsidiado de YPFB.
Termoelectrica Entre Rios | Cochabamba | 526.77 MW
Termoelectrica del Sur | Tarija Yacuiba | 505.83 MW
Termoelectrica Warnes | Santa Cruz Warnes | 527.41 MW
El gas natural se suministra a aproximadamente $1.30 por MMBTU, según la política de subsidios internos de Bolivia. En contraste, los precios internacionales de GNL fluctúan entre 8 y 12 dólares por MMBTU. Esa diferencia de 6.70-10.70 dólares por MMBTU es la fuente del bajo costo industrial en Bolivia y una vulnerabilidad estructural que define el panorama energético a medio plazo.
Aunque los activos renovables en Bolivia son limitados en tamaño, su calidad es alta. El sistema hidroeléctrico Zongo de COBEE (que opera desde los años 30, con 10 turbinas Pelton en el río Zongo, totalizando 188MW), junto con los proyectos Misicuni (120MW) y San José (124MW) de ENDE Corani, suman aproximadamente 472MW de capacidad hidroeléctrica con costos marginales cercanos a cero. Estos activos son la base de una oportunidad minera sólida y a largo plazo en Bolivia.
En energías eólica y solar, ENDE Guaracachi opera tres parques eólicos en Santa Cruz con un total de 108MW, equipados con 30 turbinas Vestas de 3.6MW; en el salar de Uyuni, a más de 3,700 metros de altitud, se ha desplegado un proyecto fotovoltaico de 62.5MW (que requiere equipos con clasificación IP54 y un diseño de reducción de potencia en inversores debido a la altitud). Además, en Potosí, Laguna Colorada alberga una planta geotérmica piloto de 5MW, con planes de expansión a 100MW. Aunque actualmente estas energías renovables carecen de almacenamiento y de integración suficiente en la red para suministrar energía base las 24 horas a grandes minas, una vez que las políticas de almacenamiento en baterías avancen, podrán ofrecer soporte estable a largo plazo.
El consumo de gas en Bolivia supera ampliamente el ritmo de exploración de nuevos yacimientos. La generación térmica consume aproximadamente 1.5 mil millones de metros cúbicos de gas al año. Bolivia estima que en 2 a 5 años será un importador neto de gas, y el gobierno ya estudia usar la infraestructura existente en Tarija para transportar gas de esquisto desde Vaca Muerta, en Argentina.
Las cuentas financieras son severas: si se calcula a precios de importación del mercado internacional, el costo anual de operar las plantas térmicas aumentaría en unos 4 dólares por MWh. La ganancia anual total de ENDE es de solo unos 160 millones de dólares, lo que indica que la balanza se inclina: o los precios industriales suben mucho, o las finanzas públicas deben absorber un déficit energético estructural insostenible, o la generación se descarboniza completamente. Para los mineros que construyeron sus plantas con tarifas subsidiadas, la ventana de dividendos se cierra.
¿Y qué pasa con la explosión de la potencia de hash? ¿Qué ocurrió realmente?
A principios de 2026, Bolivia vio un crecimiento explosivo del 2,400% en su potencia de hash interanual, que en realidad fue una decisión racional de capital en busca de arbitraje de valor. Los mineros descubrieron que podían acceder a electricidad subsidiada con tarifas de solo 0.03–0.06 dólares por kWh, y rápidamente movilizaron hardware para aprovechar esa oportunidad antes de que las condiciones macroeconómicas cambiaran. La caída en la segunda mitad de 2026 fue una estrategia de cobertura de riesgo, anticipando el fin de los subsidios.
Este patrón no es nuevo. En la última década, Irán, Kazajistán y Kosovo han visto escenarios similares: políticas que crearon precios bajos para atraer minería, seguidas por ajustes regulatorios o restricciones que provocaron una salida rápida de la potencia de hash. La mayoría de los operadores que impulsaron ese aumento del 2,400% estaban enfocados en beneficios a corto plazo, no en infraestructura duradera.
Por tanto, la clave del mercado minero en Bolivia es: tras la retirada de la ola de arbitraje, ¿quedan activos sólidos con capacidad de resistir ciclos? La respuesta depende de si el capital privado puede, antes de que desaparezcan los subsidios, tomar control directo de esos activos energéticos industriales en dólares.
Alps: el primer operador de minería de Bitcoin a nivel industrial en Bolivia
En el volátil panorama de la potencia de hash en Bolivia, hay un operador que destaca: Alps, una empresa italiana fundada por el CEO Francesco Buffa y la CFO Francesca Failoni. Alps no vino a Bolivia para perseguir ciegamente subsidios de gas. Optaron por colaborar con la empresa local Qurubiqa, con el objetivo de activar una planta de gas de 127MW en Cochabamba, que actualmente está inactiva debido a la crisis cambiaria. Se trata de un activo “atrapado” por la crisis del peso boliviano. Alps ha obtenido una ventaja de entrada en el mercado, liderando el primer gran proyecto minero “autoconsumo y generación en sitio”, pagando en dólares, lo que satisface la necesidad urgente del gobierno boliviano de reactivar activos de este tipo.
Esta lógica comercial es fundamentalmente diferente a la de otros operadores que buscan beneficios a corto plazo.
El punto de quiebre en Cochabamba: resolver el nudo del tipo de cambio con minería de Bitcoin
La planta de 127MW de Alps enfrentaba un dilema estructural: compra gas en dólares, pero vende electricidad a la red boliviana en bolivianos a una tasa oficial de 7:1. Sin embargo, la tasa de mercado real ya había caído a 12–13:1. Bajo esa distorsión, la planta operaba en pérdidas. No era un fallo técnico, sino que el sistema monetario boliviano hacía que su operación fuera económicamente inviable.
El modelo de “autoconsumo en sitio” que Alps introdujo resolvió este problema. Al conectar la planta directamente a mineros de Bitcoin, Alps puede pagar en dólares en moneda dura, estabilizando la entrada de divisas para la planta y permitiendo que el operador obtenga divisas estables. Para el gobierno boliviano, que necesita dólares para mantener sus reservas, esto significa contar con un cliente industrial que estabiliza la entrada de divisas y revaloriza activos ociosos. Ambas partes evaden el laberinto del tipo de cambio distorsionado.
“Si Bolivia aprende de otros mercados y rechaza a los mineros especulativos, tendrá una oportunidad de romper el ciclo. La clave no es el subsidio al gas, sino que podemos, mediante un modelo de negocio de beneficio mutuo, ayudar a Bolivia a resolver sus principales problemas económicos.” — Francesco Buffa, CEO de Alps
Implementación de capacidad: de 30MW a 127MW
El primer objetivo de Alps es activar 30MW en Cochabamba, hardware que trasladaron desde su operación en Paraguay. Esta decisión práctica resuelve dos problemas: reduce el capital ocioso en Paraguay ante regulaciones más estrictas y competencia creciente, y a la vez inyecta hardware maduro en Bolivia sin necesidad de pasar por procesos complejos de importación.
Su hoja de ruta es ambiciosa: planean llegar a 45MW para finales de 2026, logrando la operación plena de cada turbina en la planta. El objetivo final es alcanzar los 127MW, convirtiéndose en el principal minero en Bolivia y uno de los mayores en Sudamérica (exceptuando Paraguay).
Además, están evaluando dos nuevos sitios: uno cerca de La Paz en la meseta, y otro cerca de la frontera argentina, con diferentes estructuras energéticas y rutas logísticas.
¿Por qué Alps es un “pionero” en la industria y no solo un “inversionista temprano”?
En minería, hay una diferencia fundamental entre “pionero” y “inversionista temprano”: los primeros construyen infraestructura, establecen relaciones con reguladores y crean barreras de entrada duraderas; los segundos solo buscan beneficios rápidos y se retiran cuando cambian las condiciones.
Alps puede considerarse pionero en Bolivia por tres razones: primero, su modelo de “autoconsumo en sitio” en plantas industriales difiere de los operadores que solo conectan a ENDE y disfrutan tarifas subsidiadas, ya que negocian directamente con cada planta y sobreviven a la desaparición de subsidios; segundo, su colaboración con socios locales como Parak les permite dialogar directamente con el gobierno y tener influencia en la regulación; tercero, han convertido a Bolivia en su mercado prioritario de expansión global, con recursos y liderazgo enfocados allí en 2026.
Desafíos logísticos: aduanas y transporte interno
Operar en Bolivia no es sencillo. Alps admite que hay muchas fricciones. Como país interior, la logística de transporte de ASIC requiere una cadena compleja: primero por mar a puertos en Argentina o Brasil, luego por río Paraguay a Puerto Jennefer, y finalmente por camiones a Cochabamba. La experiencia con las turbinas eólicas en Santa Cruz, también transportadas por esa ruta, demuestra que la cadena logística puede soportar cargas industriales de gran tamaño.
En cuanto a aduanas, la nueva administración eliminó los aranceles de importación para ASIC, lo cual es positivo. Pero el IVA del 15% aún existe y no puede ser deducido. La burocracia y los largos procesos de despacho siguen siendo un obstáculo importante. Para los mineros internacionales acostumbrados a importaciones sencillas, la burocracia aduanera boliviana representa una barrera invisible que solo puede sortearse con experiencia local y relaciones sólidas.
¿Y quién más mina en Bolivia?
Aparte de Alps, el mapa minero en Bolivia está dominado por pequeños mineros y mineros individuales, que entraron en la ventana de subsidios y ahora enfrentan una alta vulnerabilidad ante los ajustes de tarifas. La explosión del 2,400% refleja una estrategia de captura de beneficios a corto plazo por parte de pequeños actores, no una infraestructura duradera. La experiencia en Paraguay entre 2022 y 2024, donde se ajustaron tarifas y se limitaron las importaciones, muestra que Bolivia enfrentará una fase similar. Cuando los precios de mercado vuelvan a reflejar costos reales, los mineros que no tengan acceso a activos o contratos de energía renovable a largo plazo serán expulsados. Solo los que hayan entrado temprano, como Alps, con control directo de generación y pagos en dólares, podrán resistir.
Oportunidades reales para atravesar el ciclo: energías renovables más allá del gas
Para mineros con visión a largo plazo, Bolivia ofrece activos renovables de bajo costo y alta calidad. La hidroeléctrica Zongo de COBEE, en operación desde los años 30, con 188MW de capacidad y costos casi nulos, es una de las opciones más sólidas en Sudamérica, fuera de Paraguay, mediante contratos de compra de energía a largo plazo.
La energía solar en Uyuni, a más de 3,700 metros, presenta desafíos técnicos (necesidad de equipos IP54, limitaciones por altitud en inversores y gestión térmica), pero su radiación solar es excepcional. Con políticas de almacenamiento en baterías y mayor integración en la red, puede ofrecer energía estable para minas. La planta geotérmica en Laguna Colorada, con 5MW en piloto y planes de expansión a 100MW, representa la fuente de energía base más confiable del país: generación 24/7, sin riesgos de volatilidad en los precios del combustible, aprovechando la actividad volcánica del país.
Dirección política: apertura total del nuevo gobierno
El cambio hacia un gobierno de derecha en Bolivia redefine las reglas del juego para la inversión privada en energía. La anterior administración favoreció la monopolización estatal y la regulación de precios, mientras que la nueva busca atraer inversión extranjera para resolver la crisis de liquidez en dólares, eliminando impuestos a ASIC, estableciendo marcos legales para autoconsumo y dialogando directamente con grandes mineras internacionales.
El socio de Alps en Bolivia ocupa un cargo clave en el gabinete, un símbolo de esa apertura. Bolivia aún no ha establecido un marco legal maduro para minería de Bitcoin industrial, como Paraguay con su categoría GCIE, por lo que las reglas todavía se están definiendo en tiempo real. Los pioneros que ya operan y dialogan con el gobierno tendrán una ventaja competitiva en la configuración futura de la regulación.
Como Francesco señala claramente, el mayor riesgo es que Bolivia atraiga a mineros especulativos y poco serios, lo que podría generar rechazo político y llevar al gobierno a imponer tarifas punitivas y requisitos estrictos, como en Paraguay. Por eso, la contribución a largo plazo de Alps es demostrar que solo los grandes mineros industriales que invierten en dólares, emplean mano de obra local y consolidan activos reales, merecen protección y apoyo legal.
Conclusión
El aumento del 2,400% en la potencia de hash en Bolivia fue una operación de arbitraje a corto plazo, pero los dividendos a largo plazo en minería en Bolivia no son ilusorios.
El país posee activos energéticos industriales atrapados por distorsiones institucionales, un gobierno que necesita dólares, una ventana regulatoria abierta a inversión extranjera, y al menos un jugador líder (Alps) que ha entrado en el momento correcto con un modelo de negocio adecuado.
Los riesgos estructurales también son evidentes: el agotamiento del gas natural, reflejado en la crisis del tipo de cambio en Cochabamba, revela problemas fiscales profundos; las fricciones aduaneras son una realidad diaria; y la falta de un marco legal claro para minería industrial significa que las reglas para desplegar activos de miles de millones aún están en desarrollo.
Pero la clave que Alps ha identificado para romper el ciclo es real y reveladora: una planta de 127MW de cogeneración en Bolivia, que no puede operar comercialmente en pesos, se ha transformado en un motor eléctrico de energía superpotente que ayuda a pagar en dólares, genera divisas duraderas para el país y ofrece inmunidad frente a la caída de subsidios al gas natural. Esta lógica, muy distinta a la mentalidad especulativa que impulsó el auge del 2,400%, es la que puede consolidar una base de potencia de hash verdaderamente sólida.
Que Paraguay sea la cuarta mayor nación minera de Bitcoin en el mundo no es casualidad. Es el resultado de una combinación de excedentes estructurales de electricidad, voluntad política de impulsar la legislación industrial, y capital institucional formal en un momento clave. Bolivia ya cumple con los dos primeros, y el tercero, bajo la continuidad de Alps, se está convirtiendo en realidad.