He notado algo que pasa desapercibido para muchos: California está convirtiéndose en la cuarta economía mundial. No es solo un rumor, es una tendencia concreta que debería materializarse para fines de 2024 o principios de 2025.



El contraste es impactante. Mientras el Estado Dorado navega en la innovación tecnológica y las energías renovables, Alemania atraviesa un período extremadamente delicado. Su PIB ha retrocedido un 0,2 % en 2024, y las perspectivas para 2025 son escasas, con solo un 0,2 % de crecimiento esperado. Mientras tanto, California mostró un crecimiento del 3,7 % en 2023, alcanzando los 3.700 mil millones de dólares. Aunque el ritmo se desaceleró ligeramente a 2,8 % en el segundo trimestre de 2024, el estado sigue resistiendo.

Lo que realmente me fascina es la dinámica del empleo. California creó 16.500 empleos al mes en 2024, frente a 12.900 el año anterior. La tasa de desempleo se sitúa en 5,3 %, una cifra que se acerca progresivamente a la media nacional estadounidense del 3,5 %. Es la resiliencia en acción. En Alemania, es lo contrario: recortes de plantilla que afectan el consumo y la economía en general.

Las cifras sectoriales cuentan una historia aún más elocuente. Los tres gigantes californianos – Alphabet, Apple y Visa – aumentaron sus ingresos en un 34 % en 2023 y se espera que progresen un 8 % adicional este año. Transforman 100 dólares en ventas en 49 dólares de beneficios. Comparen esto con los sectores clave alemanes: salud, bienes de consumo y productos industriales vieron aumentar su valor de mercado en un 40 %, 8 % y 10 % en tres años. Los equivalentes californianos – hardware, medios y software – muestran crecimientos del 184 %, 54 % y 58 % en el mismo período. La diferencia es vertiginosa.

San Francisco por sí sola concentra el 78 % de la capitalización bursátil de California, en aumento desde un 70 % hace cinco años. Las empresas de la Bahía deberían aumentar sus ventas un 14 % en 2024. Incluso Oakland, con su puerto, supera a Los Ángeles en tasas de expansión mensual.

Por el lado alemán, la situación es más compleja. La inestabilidad política desde la caída del gobierno Scholz paraliza las decisiones. Se prevén elecciones anticipadas para febrero de 2025, y hasta entonces, el país funciona con un presupuesto provisional limitado a gastos obligatorios. La guerra en Ucrania ha agravado las vulnerabilidades: altos costos energéticos, cadenas de suministro interrumpidas, producción industrial debilitada.

Quienes predijeron una fuga de empresas californianas durante la pandemia de COVID-19 se equivocaron por completo. Los polos de innovación prosperan. San Francisco cuenta con un 62 % más de empresas cotizadas en bolsa que en 2018. Las diez mayores empresas californianas han aumentado su plantilla en un 10 %, mientras inflan sus valoraciones bursátiles.

En resumen, se espera que el PIB de California supere muy pronto al de Alemania. Es un cambio económico importante que refleja no solo las dinámicas tecnológicas, sino también la capacidad de adaptación frente a los desafíos geopolíticos. Hay que seguirlo de cerca.
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