¿Alguna vez has oído la historia del coronel Sanders? No solo KFC, sino la historia real de la persona detrás de esta marca.


Recientemente releí su biografía y entendí que es una de las historias más poderosas de perseverancia en los negocios.

Todo empezó de manera terrible. Nació en 1890 en Indiana, perdió a su padre a los 6 años. En lugar de infancia, trabajo, cuidado de los hermanos menores, la escuela parecía una tontería. Dejó los estudios en 7º grado y empezó a vagar por diferentes profesiones: granja, tranvía, ferrocarril, ejército, seguros. En todos lados fracasos, en todos lados despidos. Parecía que la vida se burlaba de él intencionadamente.

Pero a los 40 años algo cambió. El coronel Sanders consiguió gestionar una estación de servicio y empezó a preparar comida para los que pasaban. Su pollo frito se convirtió en un éxito. Por primera vez sintió que podía crear algo que a la gente le gustara. Estabilidad, respeto, por fin.

A los 65 años todo se desplomó. Una nueva autopista desvió el tráfico, el restaurante quebró. Quedó con un cheque de asistencia social de 105 dólares. La mayoría se habría rendido. Pero él no.

El coronel Sanders hizo un movimiento audaz. Cargó su coche, con la receta de pollo frito en el bolsillo, y empezó a recorrer de restaurante en restaurante. Ofrecía la receta gratis a cambio de un porcentaje de las ventas. Dormía en el coche, tocaba puertas, escuchaba “no” una y otra vez. Le rechazaron 1009 veces. ¡Mil veces! Pero no se rindió.

En el intento número 1010, un restaurante aceptó. Así nació Kentucky Fried Chicken. Para los 70 años, KFC ya cubría toda América. En 1964, el coronel Sanders vendió la compañía por 2 millones de dólares, pero su nombre sigue siendo la cara de la marca. Hoy en día, cuenta con 25,000 restaurantes en 145 países.

¿Qué me impresiona? No el dinero ni la escala. Es que el coronel Sanders se negó a aceptar la derrota a una edad en la que la gente suele rendirse. No había ninguna startup, ni inversores, ni una red de franquicias. Solo una idea, perseverancia y mil rechazos que no lo quebraron.

Cuando escucho historias de fracasos y rechazos en los negocios, recuerdo al coronel Sanders. Si una persona que empezó a los 65 años con 105 dólares pudo crear un imperio global, entonces cualquier rechazo es solo retroalimentación, no una sentencia. Cada vez que parezca que todo terminó, recuerda esta historia. Quizá, tu intento número 1010 sea justo el que cambie todo.
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